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Llevan a escena la vida de Woolf

Agencia Reforma | 19/04/2022 | 14:04

Un año después de que Virginia Woolf se suicidara sumergiéndose en el Río Ouse con un abrigo lleno de piedras, su viudo, el editor Leonard Woolf, le publicó un volumen de ensayos titulado La muerte de la polilla. 

 

En el texto que da título al libro póstumo, la autora inglesa reflexiona sobre la tenacidad para aferrarse a la vida, para combatir la muerte hasta los últimos segundos, a partir de una imagen tan evocadora como cotidiana: la de una polilla que lucha, en sus últimos momentos, por desembarazarse del cristal de una ventana y salir de nuevo al campo, sin lograrlo.

 

A 140 años del nacimiento de la escritora, 25 de enero de 1882, la dramaturga Aline Menassé eligió la metáfora de este ensayo como uno de los ejes rectores para la puesta en escena Virginia, La muerte de la polilla, una celebración a la existencia y obra de la autora, ambas tan oscuras como luminosas. 

 

"Finalmente, es una metáfora de cómo vivimos la vida", explica Menassé en entrevista.

 

"Virginia puede que se suicidara, se suicidó, pero eso no la marca, eso no determina que su vida fue infeliz, que fue terrible, que ella pasó, así como la polilla, por todas las vicisitudes y las dificultades, pero tuvo unos momentos maravillosos, tuvo momentos de descubrimiento, de felicidad, de enamoramiento, de creación, y también de enfermedad, también de dolor", reflexiona. 

 

En temporada en el Teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque, la obra está conformada a partir de un complejo entramado de recuerdos, pasajes biográficos, referencias literarias a la vasta obra de la autora y una mirada a su pensamiento feminista, político y social.

 

Es un proyecto que, aunque ahora se presenta en el marco de la efeméride, lleva 7 años realizándose a partir de un estudio minucioso del legado de la escritora. 

 

"En el camino, yo ya vi la dimensión de Virginia, de lo que era. No sólo eran sus nueve novelas, sino que eran también una cantidad asombrosa de material escrito, de ensayos, cuentos, cartas, diarios, de historia personal", abunda Menassé. 

 

En el escenario, la actriz María Inés Pintado interpreta a Woolf a lo largo de poco más de cuatro décadas, desde 1890 hasta 1940, desde su infancia hasta su suicidio. 

 

Los actores Elsie Flores y José Carriedo, por su parte, interpretan a todos los personajes relevantes que formaron parte de su vida, como sus hermanos y medio hermanos, su esposo e, incluso, personajes provenientes de la ficción.

 

Pasado, presente, literatura, pensamiento y momentos puramente simbólicos confluyen en una dramaturgia que, explica Menassé, está basada en las claves de la narrativa woolfiana.

 

"Lo que me orientó fue trabajar sobre las propias categorías narrativas que ella manejó; yo también aplicarlas a mi propia narrativa y cómo traducirlas a lo teatral, a lo escénico", abunda Menassé. 

 

"Por un lado está el monólogo interior, que éste es constante, que es como esta manera de narrar, porque pasa en el interior; también el fluir de la conciencia, que es esta liberación, como esta asociación libre, porque vivimos así. En realidad, todas las impresiones, todas las cuestiones que estamos percibiendo, forman parte de este fluir de la mente".

 

Así, episodios como la infancia de Woolf, en la que sufrió abuso sexual por parte de su medio hermano, Gerald Duckworth; su juventud de descubrimiento artístico junto a su hermana Vanessa Stephen (su verdadero apellido), y los empeños editoriales de madurez con su esposo Leonard, se cuentan a través de saltos temporales que recuerdan a su narrativa. 

 

También aparecen, en una sucesión libre de momentos e ideas, las penurias de su enfermedad mental, de la depresión crónica que hizo que la llevó a ser ingresada a instituciones mentales; momentos de sus libros como Las olas, La señora Dalloway y Orlando, y sus ideas sobre el lenguaje y la emancipación femenina. 

 

"El feminismo de Virginia no surge desde un lugar de defender ninguna bandera, de defender una causa como tal, sino que surge de problematizar y reflexionar su propia vida", expone Menassé sobre este aspecto que recorre la obra.

 

"Nunca participa ella militantemente en el sufragismo, aunque claro que lo apoya. No es una militante, es una pensadora. Su aportación más grande es la claridad, esclarecer ese papel y dar una opción, porque en esta reflexión, en esta síntesis que es Una habitación propia, que es 'la habitación propia y 500 libras al año', porque sin dinero no se puede, pero es la independencia física, económica, moral, sexual, de la mujer, es una independencia en un sentido mucho más amplio de que la mujer tiene un ámbito propio". 

 

La escenografía de Auda Caraza y Miguel Moreno toma, precisamente, al ensayo Una habitación propia como uno de los temas a partir de los cuales se construye, con los espacios en los que Woolf escribe como parte importante de la escena.

 

También, a partir de una estructura de luces neón que suben y bajan, además de una serie de plataformas y desniveles, el agua es un elemento constante, tan presente en la literatura de Woolf como en el vaticinio de su suicidio.

 

En cartelera hasta el 26 de abril, los lunes y martes, a las 20:00 horas, Virginia, La muerte de la polilla muestra la tenacidad de Woolf por crear y aferrarse a la vida, a pesar de las circunstancias más adversas, como la polilla. 

 

"Las vidas son complejas, incluso para una polilla que vive 24 horas, pero esas 24 horas nuestras son la vida entera de una polilla y Virginia dice: 'Qué dignidad tiene, qué dignidad a pesar de que ya no puede, todavía se voltea la polilla para morir en cuatro patas'", celebra Menassé. 

"También por ahí está parte de la dramaturgia: en cómo habitamos nuestra vida, cómo la vivimos", concluye. 

 

ASÍ LO DIJO

"Virginia puede que se suicidara, se suicidó, pero eso no la marca, no determina que su vida fue infeliz (...) Ella pasó, así como la polilla, por todas las vicisitudes y dificultades, pero tuvo momentos maravillosos, momentos de descubrimiento, de felicidad, de enamoramiento, de creación, y también de enfermedad y de dolor".

Aline Menassé, dramaturga.

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