En la capital potosina está el pasaje peatonal más largo de Latinoamérica, con cerca de 2 kilómetros de longitud. Se trata del conocido Pasaje Zaragoza, una calle llena de historia, embellecida por las fachadas que se alojan tanto en sus flancos como en las calles que la cruzan.
Paseo imperdible
Esta avenida peatonal inicia a la altura del Mercado Hidalgo uno de los centros de abastos más antiguos de la ciudad y llega al Santuario de Guadalupe. Es un paseo imperdible, dada la historia que cuentan los edificios y sitios que se cruzan como son el Palacio Municipal, la Catedral Metropolitana en la Plaza de Armas, las fachadas de cantera que caracterizan a San Luis Potosí, el Jardín Colón y su emblemático reloj, o la Caja del Agua una construcción con historia propia, la Cruz Roja, el Cuartel Militar, la antigua penitenciaría que hoy es Centro de las Artes y para terminar, el Santuario a la Virgen de Guadalupe.
Calle histórica
A lo largo de esta calle fueron construidas grandes fincas donde habitaron personalidades como Félix María Calleja del Rey, militar y político español que llegó a ser Virrey de la Nueva España y, según se cuenta, vivió en dos casas diferentes en la misma calle, la más conocida es donde se encuentran los hermosos balcones del lado poniente donde comienza la calle y el otro punto en la esquina con la calle Universidad.
En la esquina de Zaragoza donde inicia el andador, se pueden apreciar dos bellos balcones, únicos en su tipo, los cuales son conocidos como balcones trilobulados, una característica muy especial del barroco potosino, estos balcones pertenecen a una propiedad que era propiedad del virrey Felix María Calleja. Actualmente este edificio alberga la tienda Sears.
Termómetro de la ciudad
En la esquina de Zaragoza con Iturbide, casa de los Kaiser, estuvo instalado durante más de 70 años en el siglo XX, un termómetro grande, que en realidad fueron dos, el primero de Mercurio duró más de 40 años y fue reemplazado cuando lo rompió una granizada, por otro de alcohol que funcionó más de 30 años hasta principios de este siglo y una vez roto por las mismas razones que el anterior, fue retirado definitivamente, y se le consideraba el Termómetro de la ciudad, a donde podía recurrir cualquiera que quisiera conocer la temperatura ambiente.
Detonante comercial
Además de ser un lugar que habla de historia, la famosa calle de Ignacio Zaragoza es conocida por ser un corredor comercial. Los dueños de las fincas vendieron sus propiedades, otros rentan los inmuebles para oficinas o todo tipo de comercios como heladerías, librerías, restaurantes, entre otros, establecimientos que han mantenido vivo este lugar.
Actualmente son pocas las viviendas de la calle Zaragoza que alojan a familias, ya que la mayoría de las propiedades tiene un giro comercial.