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Inundación de 1933 en San Luis

Plano Informativo | 05/07/2021 | 01:41

Lo que el agua se llevó.

También fue el día de más solidaridad potosina

La memoria de los potosinos es pequeña cuando se trata de tragedias, tal vez por eso pocos son los que recuerdan la inundación de San Luis capital ocurrida en 1933, cuando se rompió la cortina de la presa La Constancia, que se encontraba, como la de San José, sobre el cauce del Río Santiago.

 

Nunca se había visto tanta miseria y desolación pero también fue el momento de más solidaridad del pueblo potosino; como auxilio externo vino el primer batallón de zapadores al mando del Coronel Cravioto.

 

Así se anunciaba la tragedia

El jueves 14 de septiembre de 1933 empezó el mal tiempo, una lluvia torrencial llenó los vasos de las dos presas, San José y La Constancia. Toda la noche y madrugada del 15 de septiembre llovió y luego se transformó en una ligera llovizna que permitió que se llevaran a cabo los festejos patrios en la Plaza de Armas de la capital potosina. Nadie vio venir la tragedia.

 

Se reventó la presa, se reventó la presa

Los habitantes de la ciudad estaban en la Plaza de Armas conmemorando el CXXIII aniversario del inicio de la Lucha de Independencia. Era viernes, así que los que no estaban en la Plaza estaban en sus casas, muchos ya dormidos. 

 

Poco antes de las 11 de la noche, hora en que las autoridades salen al balcón del Palacio de Gobierno a dar el tradicional Grito, entre la muchedumbre empezó como un murmullo que se convirtió rápido en gritos de pánico: “Se reventó la presa, se reventó la presa”.

 

En desbandada trataron de correr rumbo a sus casas, mientras que los que acudieron en familia trataron de llegar a la zona del Santuario, que era la más alta de la ciudad.

 

La muerte llegó sin dar aviso

No fue que subiera el agua, fue una ola voraz que arrasó con todo lo que encontró a su paso, una gigantesca ola que se formó al romperse la cortina de la Presa La Constancia dejando escapar de un solo golpe “seis millones de barriles de agua”.

 

Nunca se supo con exactitud cuántos fueron los muertos, unos decían que la mitad de la población, otros que unos miles, pero para donde voltearan había cadáveres.

 

El aniquilamiento fue rápido

Los primeros en sufrir el golpe de agua fueron los habitantes de la fracción de Morales, en seguida los de Santiago y siguieron Tlaxcala, El Montecillo y Soledad.

 

Santiago y Tlaxcala fueron los barrios que más sufrieron el embate porque a ellos les llegó el agua con todo lo que venía arrastrando de Morales.

La respuesta oficial no se hizo esperar, antes de cuarenta minutos de iniciada la hecatombe el General Francisco S. Carrera Torres, con 200 soldados de caballería divididos en patrullas, trataban de auxiliar a los habitantes de las zonas bajas, logrando así evitar más muertes.

 

Muerte y destrucción por todas partes

La mañana del 16 de septiembre de 1933, el escenario era dantesco, muerte y destrucción por todos lados, la mitad de la ciudad estaba destruida.

Los puentes de Morales, Santiago, La Tercera Chica y Soledad fueron barridos hasta los cimientos, el puente del ferrocarril (que hoy llamamos Naranja), fue severamente dañado por lo que se suspendió en tránsito ferroviario, quedando detenidos dos trenes de pasajeros y dos de carga hasta que se pudo reparar provisionalmente el puente.

 
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