Docenas de veces durante la última década, los científicos de la NASA han lanzado rayos láser a un reflector del tamaño de una novela de bolsillo a unas 240 mil millas (385 mil kilómetros) de la Tierra y han anunciado en colaboración con sus colegas franceses, que recibieron la señal de regreso por primera vez, un resultado alentador que podría mejorar los experimentos con láser utilizados para estudiar la física del universo.
El reflector al que apuntaban los científicos de la agencia espacial está montado en el Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), una nave espacial que ha estado estudiando la Luna desde su órbita desde 2009.
Una razón por la que los ingenieros colocaron el reflector fue para que pudiera servir como un objetivo prístino para probar el poder reflectante de los paneles que quedaron en la superficie de la Luna hace unos 50 años. Estos reflectores más antiguos devuelven una señal débil, lo que dificulta su uso para la ciencia. Los científicos han estado usando reflectores en la Luna desde la era de Apolo para aprender más sobre nuestro satélite natural. Es un experimento bastante sencillo: apunta un rayo de luz al reflector y registra la cantidad de tiempo que tarda la luz en regresar. Décadas de hacer esta única medición ha llevado a grandes descubrimientos.
Una de las mayores revelaciones es que la Tierra y la Luna se están separando lentamente al ritmo de 1.5 pulgadas (3.8 centímetros) por año. Esta brecha cada vez mayor es el resultado de interacciones gravitacionales entre los dos cuerpos.
Si los científicos van a continuar usando los paneles de superficie en el futuro, necesitan averiguar por qué algunos de ellos están devolviendo solo una décima parte de la señal esperada.