Lunes 28 de Septiembre de 2020 | San Luis Potosí, S.L.P.
C O M P A R T I R

Congruencia mexicana en la defensa a la discriminación racial

Lic. Y M.C.I. Rafael Munguía Garduño | 10/06/2020 | 01:48

Opinión

El asesinato en Minnesota del estadounidense afroamericano George Floyd, ha desatado la conmoción mundial y movimientos de protesta en varias ciudades de la unión americana, donde miles de ciudadanos en solidaridad y apoyo salieron a las calles para expresar su inconformidad sobre las acciones de intervención policial, que más allá de preservar la justicia y el orden, el acontecimiento puso en evidencia el racismo y la discriminación social que aún impera en la sociedad estadounidenses, a pesar de ser una nación que se ha construido y crecido gracias a la diversidad racial de su población y al pensamiento libertario. En México, también nos unimos a la causa estadounidense, manifestando nuestra inconformidad ante tales sucesos, sin embargo, vale la pena hacernos varias preguntas al respecto: ¿Los Mexicanos somos racistas? ¿Qué acontecimientos han ocurrido en la historia mexicana sobre la discriminación racial hacia los pueblos originarios? ¿Cuáles han sido las acciones que hemos emprendido para erradicarla? ¿Será suficiente con manifestar nuestra inconformidad en redes sociales para lograr los cambios que requerimos?

José María Morelos y Pavón en el discurso de apertura del Congreso de Chilpancingo el 14 de septiembre de 1813 expresaba:

“Temamos a la historia, que ha de presentar al mundo el cuadro de nuestras acciones”

La deshonrosa realidad, es que los pueblos originarios en México (llamados también indígenas) han sido objeto de racismo y discriminación racial durante más de 500 años, lo cual es lamentable, “Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Durante generaciones, los pueblos originarios han tenido que padecer la pobreza, abusos, despojo de territorios, un trato desigual, mismo que ha obstaculizado el ejercicio de sus derechos y que puedan satisfacer sus proyectos en igualdad de condiciones que otras personas, los testimonios de discriminación racial y étnica han sido parte de nuestra historia, si hacemos un repaso breve, podemos afirmar con gran tristeza el testimonio de 500 años de esclavitud y discriminación a los pueblos originarios, que iniciaron desde el colonialismo español, donde en los primeros 300 años (de 1519 a 1821) se constituyeron las bases para sembrar y consolidar ideológicamente un pensamiento racial; prueba de ello es que hasta nuestros días a modo de insulto y discriminación frases tales como: ¡eres un indio!, cuando dichas palabras, debieran representar un gran orgullo para cualquier mexicano, al provenir ancestralmente de una de las culturas con gran riqueza en sabiduría y conocimiento como fueron los Mayas. El término “indio” deriva de la confusión que tuvo Cristóbal Colon al pensar que había llegado a la India y por eso llamo a sus habitantes indios; de ahí que actualmente se utilice el término “Pueblos originarios” para referirse a los “Indígenas”, cuyo significado es persona originaria de un lugar.

Continuemos explorando nuestra historia y trasladémonos a otro de los episodios sociales y políticos como fue el movimiento de Independencia cuyas causas podemos atribuir a los privilegios que la corona y autoridades virreinales tenían con los españoles radicados en México, donde los cargos públicos, las concesiones mineras y el reparto de las tierras cultivables favorecía a las personas nacidas en España, de ahí que el movimiento haya sido integrado por personajes como Miguel Hidalgo, Ignacio Allende  quienes eran criollos, es decir, nacidos en el Virreinato de Nueva España (Hoy México) pero de padres españoles; a este movimiento se sumaron los indígenas, quienes estaban hartos de la discriminación racial, de las miradas de desprecio, del abuso y explotación, es de reconocerse que el movimiento no hubiese tenido éxito sin la participación de los indígenas, donde entre un 50 a 60% eran indígenas, la mayoría de ellos vivían a nivel de subsistencia, labraban pequeñas parcelas de tierra para el autoconsumo y mercados regionales, no tenían acceso a la tierra, constituían un proletariado rural, que necesitaban alquilar su fuerza de trabajo para subsistir.

Otro momento histórico de nuestra historia fue la Revolución Mexicana, cuyo conflicto armado tuvo su origen por el descontento de la dictadura de Porfirio Díaz, quien ejerció el poder de manera dictatorial desde 1876 a 1911, periodo donde México experimento un notable crecimiento económico y tuvo estabilidad política, sin embargo, con altos costos económicos y sociales que pagaron las clases más vulnerables, nuevamente las precarias situaciones de los habitantes de las comunidades rurales, atenuadas por hambrunas y epidemias. Del movimiento zapatista, surge con una frase célebre “La tierra es de quien la trabaja”, por su parte, el 5 de octubre de 1910 Francisco I. Madero desde el estado de San Luis Potosí, proclama el Plan de San Luis, texto mediante el cual convoca a levantarse en armas para la culminación de la dictadura de Porfirio Díaz y establecer elecciones libres y democráticas. El cambio más marcado del movimiento revolucionario ocurrió en la población rural, la Reforma Agraria permitió a los revolucionarios poseer tierras y surgió una nueva clase de ejidatarios. No obstante, la estructura de propiedad de la tierra no facilitó el desarrollo agrícola y empobreció a los campesinos, algunos campesinos tuvieron que emigrar a otras regiones en busca de mejores oportunidades, donde eran maltratados y explotados, otros más emigraron a Estados Unidos.

Hoy la mayor discriminación es institucional, ya que la mayoría de los pueblos originarios, carecen de servicios básicos de salud, educación, vivienda, infraestructura, el estado mexicano ha sido totalmente incapaz de resolver la deuda histórica que se tiene con los pueblos originarios, la invisibilidad de los gobiernos para instrumentar políticas públicas de protección social y desarrollo económico, la ausencia de atención a esta población promueve la violación de sus derechos humanos, el abuso y la discriminación.

Concluiré mi opinión, expresando la siguiente frase del cineasta estadounidense George Orson Welles:

“El odio a las razas no forma parte de la naturaleza humana; más bien es el abandono de la naturaleza humana”

 

Lic. Y M.C.I. Rafael Munguía Garduño

Especialista en impuestos y comercio internacional

Catedrático, columnista, conferencista, asesor y promotor cultural. 

rm.asesor.fiscal.legal@gmail.com

www.facebook.com/rafael.munguia.1291

© 2020 Todos los Derechos Reservados de Grupo Plano Informativo. Prohibida la reproducción total o parcial, incluyendo cualquier medio electrónico o magnético.