Lunes 24 de Febrero de 2020 | San Luis Potosí, S.L.P.
C O M P A R T I R

El derecho de vía y la libertad de comercio

Pedro Cervantes Roque | 13/02/2020 | 18:01

ENTRE PAPELES

EL DERECHO DE CAMINAR SIN estorbos, sin obstáculos, por calles avenidas y plazas de una ciudad, es un concepto que no embona con la estructura mental de los vendedores ambulantes. Las “bocacalles” ubicadas en torno de la Plaza de Armas de San Luis Potosí, son puntos de atracción de vendedores que exhiben sus productos como para despertar el deseo de consumo que llevamos todos, mientras transitamos por la zona centro.

 

NO IMPORTA SI LOS ARTÍCULOS EN oferta se encuentran tirados en el piso, o si el carrito de mano se ubica por el único espacio disponible para dar un paso.

 

NO HAY ORDEN, PENSARÍA cualquiera deseoso de no tener que esperar a que la fila de personas deje de entreverarse con las otras filas que vienen en sentido contrario o que se cruzan distraídamente mientras casi al oído del transeúnte se emite el grito estentóreo del vendedor callejero.

 

Y, EN EFECTO, EL DESORDEN caracteriza nuestro comercio ambulante, impuesto a toda costa por sujetos que se asignan el liderazgo de la gente menuda que desea tener un futuro mejor, pero también de quienes han hecho de la venta un oficio, un empleo sujeto a la voluntad de terceros que ordinariamente no aparecen sino para recaudar el dinero producto de la venta del día.

 

PERO TODO ESTE DESORDEN tiene un punto de inicio y un punto final ubicados en el mismo sitio: los inspectores municipales que por años han conseguido una compensación para sus salarios, de manera que su inacción rinde provechosas ganancias por temporadas bien conocidas a lo largo de un año.

 

EL ESPACIO PÚBLICO ES OCUPADO por una red de vendedores cuyo provecho nadie alcanza a medir, pero que han echado raíces de manera que son pocos los periodos de gobierno municipal que han logrado mantener un Centro Histórico sin la presencia de organizaciones de vendedores que violan reglamentos y bandos de buen gobierno y terminan por imponer su propia ley. Porque, finalmente, nadie puede instalarse en el sitio de su preferencia sin enfrentar el grupo de “halcones” que deambulan por el centro citadino para proteger a sus vendedores.

 

UNA DISTRAÍDA CAMINATA POR calles y plazas del centro, nos revela cómo los “limosneros” recaudan la caridad pública pero también defienden su zona de influencia. Ningún limosnero podría sentarse a unos metros del siguiente sin tener el consentimiento de su grupo. A través de gritos de un caló especial, alertan a los vendedores ambulantes y actúan conforme lo han acordado previamente. Se suman raterillos, timadores y toda clase de personajes que buscan obtener un ingreso ilícito.

 

COLOCADAS UNA SOBRE OTRA, LAS redes de vendedores, limosneros y delincuentes han hecho del centro de la ciudad una zona de riesgo para los viandantes y presuntos compradores.

 

UN ÁREA PARA QUE INSPECTORES corruptos encuentren ingresos adicionales y, por consecuencia, una zona en la que diariamente circulan cientos de miles de pesos hasta que llega la noche, cuando el centro es el área más solitaria y peligrosa de nuestra ciudad.

 

ENTRE TANTO, UN PANORAMA muy distinto se proyecta en las oficinas del gobierno municipal, en las reuniones de funcionarios vinculados al quehacer comercial, quizá porque para ellos el comercio solamente opera en las nuevas y modernas plazas comerciales.

 

LO DEMÁS ES SOLAMENTE PARTE del paisaje cotidiano para empleados y trabajadores de tiendas y oficinas con asiento en una zona que ya es histórica.

 

pedrocervantesroque@yahoo.com.mx

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