El sueño de los que están despiertos es la esperanza.
Carlomagno, “Carlos I, El Grande, 742-814; monarca germano.
LA ABRUPTA SALIDA DE EVO Morales, expresidente de Bolivia, de su “cómodo” exilio y asilo en México, genera más dudas sobre la fortaleza geopolítica de nuestro país en América del Norte. El agricultor cocalero tuvo otros motivos para irse. Podía haber esperado 5 días y salir directamente a Argentina, cuando su aliado ideológico, Alberto Fernández, tomara el poder presidencial y lo pudiera apapachar, con dinero y “logística” para que recupere el poder de una nación que poco a poco regresa a la paz.
PARA INCENDIAR OTRA VEZ A Bolivia, que es lo que busca Evo, sólo necesita dinero para encender la llama.
PERO ¿QUÉ ES LO QUE HAY DE fondo en la decisión de Morales? Es mucho más que el pretexto de una simple consulta médica con los “notables” doctores cubanos. Por ello nos preguntamos: ¿Acaso en México, en el IMSS o ISSSTE o, en el último de los casos, los costosos como Médica Sur o Los Ángeles, no tienen talento para atender al líder del Movimiento al Socialismo boliviano?
QUEDA CLARO QUE LA DECISIÓN se tomó en la mañana viernes anterior y horas más tarde, dicen que en un avión comercial, partió a la Habana, aunque hay otra versión en el sentido de que se lo llevaron, acompañado de su vicepresidente Álvaro García Linera, en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana, ya que nadie ha divulgado un video del viaje en un avión de Cubana, Aeroméxico o Interjet. Ambos vuelos parten a las 6 de la mañana. ¿Nadie se dio cuenta que iba en el avión una personalidad del tamaño de Evo?
COINCIDENTEMENTE, Y QUE conste que no creo en las coincidencias, el gobierno de Trump, tras la salida de Evo, anunció que postergaba la declaración de los cárteles mexicanos de la droga como terroristas. ¿Una por otra? Por ello se levanta la sospecha de que podría haberse negociado la salida del líder de MAS de Bolivia, para no molestar al Tío Sam.
PERO, VAMOS A LOS HECHOS DEL sospechoso viaje. Evo ni siquiera dio las gracias al gobierno mexicano por su asilo humanitario que le dio y que está vigente, para él y cercanos colaboradores. La cancillería, que encabeza Marcelo Ebrard, informó su partida por la tarde del viernes; varias horas después.
PERO, NO SERÍA LA PRIMERA decisión similar que toma el gobierno mexicano. En marzo del 2002, el entonces presidente de Cuba, Fidel Castro, durante la cumbre presidencial convocada por la ONU en Monterrey, y ante el inminente encuentro cara a cara del “comandante” con el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, Junior, el mexicano y anfitrión, Vicente Fox, le exigió al cubano: “comes y te vas”.
MESES DESPUÉS, EN LA Habana, Fidel divulgó la conversación telefónica en la cual Fox le exigió su salida del país. En lugar de asistir a la comida con Fox, prefirió la compañía de su amigo Hugo Chávez, de Venezuela. La llamada provocó un rompimiento entre los gobiernos de Fox y después de Felipe Calderón, con Cuba. Éstas se restablecieron luego de una visita que hizo el priísta Enrique Peña Nieto a los Castro.
HAGO ESTA REFERENCIA HISTÓRICA porque para México es más importante la relación con Estados Unidos que cualquier otra. Al igual que Benito Juárez, Andrés Manuel López Obrador sabe la relevancia de tener como vecino y compartir una gran frontera con el coloso del Norte.
PERO NO FUE EL PRIMER DESAIRE o “grosería diplomática”, que Castro recibió de políticos mexicanos. Se la recetó en los noventas, materialmente de la misma manera, Carlos Salinas de Gortari. Este, a cambio de no tener cerca de George H. W. Bush, padre, al cubano, le ofreció al líder socialista petróleo; Fox le daba sentarse en una comida al lado de él. Ridículo, pues. Castro sabía cómo capitalizar esos desaires.
POR ELLO QUEDA CLARO QUE LA salida de Evo y el abandono del asilo político que noblemente le otorgó México, tiene otras implicaciones. Para Evo no le era fácil encabezar desde aquí la recuperación del poder en Bolivia. Al mismo tiempo le generaba problemas a AMLO que enarbola el principio juarista: “entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Su presencia era intromisión en las decisiones bolivianas; una contradicción de la diplomacia mexicana.
ESTABA PROTEGIDO EN UNA CASA de visitas, que donó la familia Ávila Camacho, en Tecamachalco, Estado de México, y por elementos del Estado Mayor Presidencial, su movilización era imposible. Además, tener la cercanía de Estados Unidos y de los servicios de inteligencia de Washington, le hacían su presencia imposible. En fin, muy complicado preparar desde aquí un “golpe de Estado” en Bolivia y con el apoyo de enemigos del gobierno de Donald Trump, como Nicolás Maduro en Venezuela; Daniel Ortega en Nicaragua y, ahora Alberto Fernández en Argentina.
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