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Realizan la primera grabación de frecuencia cardíaca de una ballena azul

Agencia | 28/11/2019 | 01:23

Con ingenio, investigadores de la Universidad de Standford monitorearon la frecuencia cardíaca de una ballena azul en la naturaleza. La medición sugiere que los corazones del cetáceo están operando en extremos y pueden limitar su tamaño.

 

Arriba de una lancha naranja y utilizando ventosas para no dañar al enorme animal, los investigadores colocaron sensores electrónicos en una ballena azul macho de 70 pies de largo en la Bahía de Monterey.

 

El ritmo cardíaco de la ballena azul

 

En el estudio publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, descubrieron que cuando la ballena se zambulló en el océano para tomar tragos de krill, su frecuencia cardíaca disminuyó a tan solo dos  latidos por minuto.

 

Pero cuando la ballena reapareció, su ritmo cardíaco se disparó a hasta 37 latidos por minuto.

 

Asimismo, para que un humano haga lo mismo, requeriría que reduzcamos nuestro ritmo cardíaco a 9 latidos por minuto y que lo acelere a 170 latidos unos minutos más tarde, algo que provocaría un viaje a la sala de emergencias.

 

La ralentización dramática de su frecuencia cardíaca ayuda a las ballenas a conservar el oxígeno, lo que les permite permanecer bajo el agua por más tiempo para que puedan alimentarse de la manera más eficiente posible antes de que necesiten salir a la superficie para respirar, dijeron los científicos.

 

Por su parte, Jeremy Goldbogen, profesor asistente de biología en la Facultad de Ciencias Humanas de Stanford y autor principal del artículo, dijo:

 

«No teníamos idea de que esto funcionaría y estábamos escépticos incluso cuando vimos los datos iniciales. Con un ojo muy atento, Paul Ponganis, nuestro colaborador de la Institución Scripps de Oceanografía, encontró los primeros latidos del corazón en los datos.»

 

Otros fines del estudio

La investigación podría usarse para medir cómo las ballenas azules, una especie en peligro de extinción que todavía se recupera de más de 150 años de caza, reaccionan ante situaciones humanas estresantes, como colisiones cercanas con grandes barcos o ruidos fuertes, para ayudar a proteger mejor y recuperar sus poblaciones.

 

Casi toda la caza comercial de ballenas azules terminó en 1966 en virtud de acuerdos internacionales. Sin embargo existen país que todavía las caza.

 

Aun así, la población de ballenas azules en todo el mundo, actualmente estimada entre 10 mil y 25 mil, todavía está muy por debajo de los números históricos.

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