La respuesta a los cinco soldados caídos en la emboscada de Tierra Caliente se reflejó ayer en el endurecimiento de las operaciones militares en Michoacán. A la militarización del municipio de
Carácuaro, donde ayer se impuso un virtual estado de sitio, siguió la respuesta armada a los narcotraficantes en Apatzingán, donde el tamaño de las armas utilizadas en una real escena de guerra en la zona urbana, fue el indicador más claro de la reacción de las Fuerzas Armadas a las bajas sufridas en ese estado.
En el ejército están molestos por el artero asesinato de sus soldados y la ofensiva lanzada ayer en dos frentes, el armado y el político, demuestra que la milicia ha decidido emplearse a fondo y con tácticas de guerra, para responder al desafío que le lanzaron los narcotraficantes. Se entiende que la reacción de los militares está avalada por el presidente Felipe Calderón que, en los hechos –no necesariamente en las leyes-, les ha dado ya poderes plenos y libertad total a las Fuerzas Armadas para actuar a discreción en el combate al narcotráfico.
De otro modo no se entiende la acción emprendida el viernes en el municipio de Carácuaro tomado por la milicia. Un militar de alto rango tomó en sus manos la autoridad el viernes en la Presidencia Municipal mientras el alcalde estaba fuera del municipio. A reserva de que se investiguen las denuncias de abusos y violaciones a derechos humanos de habitantes del lugar, la acción corresponde al establecimiento de un estado de sitio en el municipio donde fueron asesinados los cinco soldados la semana pasada.
Las escenas del fin de semana en Michoacán, tanto la imposición momentánea de la ley marcial en Caracuaro, como el empleo de metrallas, granadas y cateos del ejército en la zona urbana de
Apatzingán, confirman que lejos de estar pensando en un repliegue de los militares en el combate al narcotráfico, el presidente Calderón decidió ampliar el margen de acción de las fuerzas castrenses.
Si ya la rapidez con que detuvieron a 10 presuntos responsables de la ejecución de los cinco soldados despertó críticas y suspicacias, en un país donde la justicia se administra a cuentagotas y todos los días decenas de asesinatos de mexicanos de todos los ámbitos quedan impunes o no se investigan, la reacción de fuerza mostrada por el Ejército obliga a preguntarse si, en el legítimo derecho a responder a la agresión de que fueron objeto, los militares buscan ¿justicia o venganza?
La militarización no puede ser la única respuesta del gobierno en la lucha contra el narcotráfico. ¿Dónde está la inteligencia financiera para combatir el lavado de dinero que sostiene a los grandes cárteles de la droga?, ¿dónde los operativos para detectar, acusar y enjuiciar a jefes policíacos a funcionarios y autoridades de los tres niveles de gobierno -más allá de policías de tropa- involucrados con el narco?, ¿dónde una operación para limpiar a la política y desenmascarar a los políticos financiados y patrocinados por los capos de la droga o un programa para detectar y sacar a jueces corrompidos por el crimen organizado?
Si se pretende que sólo el Ejército cargue a cuestas con la guerra que se vive en casi todo el país, los riesgos son muchos y los costos pueden ser muy altos. O los operativos del gobierno de Calderón pasan a otro nivel y dejan de apostarle sólo a la militarización de varias regiones, o escenas reales de guerra como las que se vivieron ayer en el corazón de la Tierra Caliente michoacana empezarán a reproducirse por todo el país.
Notas Indiscretas... Los jueces y el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, confirmaron que en este país la justicia sigue siendo cuestión de dinero y de influencias políticas. Porque mientras a Arturo Montiel nomás no pudieron halarle nada, aunque tuvieran enfrente sus mansiones de lujo por todo el mundo, a los líderes de San Salvador Atenco les dieron virtual cadena perpetua. ¿Será que el gobernador mexiquense quiere emular los pasos de su antecesor y busca revivir el proyecto de un aeropuerto en Texcoco que lo lance a volar por la grande?..Los dados tropiezan. Serpiente.