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C O M P A R T I R

Menores que delinquen deben ser castigados

Pedro Cervantes | 24/02/2019 | 10:15

Entre papeles

Una declaración del sacerdote Juan Jesús Priego llamó la atención de las personas que gustan leer información en cualquiera de los medios que las publican. El vocero del arzobispado potosino opina que los menores de edad que delinquen deben ser sujetos a proceso para castigarlos porque ya tienen conciencia de lo que hacen y, además, también deben hacerse responsables de sus actos.

Las palabras del sacerdote revelan una seria de transformaciones sociales que no se perciben a la primera, o que corresponden a procesos que no generan estridencias y ahora se encuentran en momentos culminantes. Me refiero, claro, a los niños de entre 7 y 15 años de edad, periodo que también se conoce como “segunda infancia” que son autores de delitos que tienden a tienden a ocurrir con mayor frecuencia en nuestro medio.

El primero de los aspectos es el relacionado con la propia Iglesia Católica porque ha modificado los parámetros de los valores que en el pasado fueron medianamente distintos. El caso surge cuando tres de esos menores aparecieron como los autores de un asalto a mano armada que sufrió un chofer de un taxi, quien incluso fue lesionado en una de sus manos. El criterio religioso para tratar a los pequeños delincuentes iguala la responsabilidad de los menores con la de los adultos que realizan actividades iguales. No inspira esta declaración la voluntad religiosa del perdón como un mecanismo que satisface a la víctima y la libera de esa sed de venganza que alienta a la víctima a un desquite no siempre igual.

Pero también refleja el sentido del pensamiento religioso respecto a la responsabilidad de delincuentes que a temprana edad no solamente roban sino también agreden y ponen en peligro la vida de los demás. Uno esperaba, en el pasado, que la intervención de un religioso en materia delictiva, así fuera el religioso una de las víctimas, estuviera marcada por la preocupación que genera la existencia de problemas familiares como una de las causas para la delincuencia infantil. Solicitar la aplicación de condenas importantes refleja la imposibilidad de controlar el fenómeno social desde la familia y la escuela, quizá como un reflejo de la marginación y la pobreza que enmarcan la vida de los niños ahora.

La declaración del vocero de la arquidiócesis no debe ser extraída del contexto. Conocedor de la mecánica de las entrevistas que se conceden a los reporteros de los diversos medios, el texto puede corresponder a una interpretación particular, quizá influida por la urgencia de obtener una noticia importante, tal vez motivada por el instinto de despegar un proceso interesante para quienes valoran las noticias con que se abastecen todos los medios diariamente, o tal vez como un enfoque de un problema que comienza a ser notable en nuestro medio. Sin embargo, es mayor noticia descubrir  que la estructura de los criterios de la Iglesia Católica se ha movido casi diametralmente para dejar de ponderar el perdón de los pecados y exigir justicia a secas, sin importar las edades.

¿Podríamos estar delante de un movimiento de tal naturaleza? Lo creo difícil. El juego de las opiniones de los individuos de una comunidad religiosa suele mostrar las diversidades y contrastarlas de manera interesante. Una declaración en este sentido aporta un estado de ánimo como su causa, pero no define totalmente un cambio de criterio frente al problema social que representan los pequeños delincuentes.

pedrocervantesroque@yahoo.com.mx

 

 

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