La celebración huasteca del Xantolo, la Fiesta de todo lo Sagrado, es una muestra más de la cultura, la identidad y las costumbres de una sociedad que honra y respeta, pero que también se burla de la muerte.
“Días de Muertos” en la Huasteca Potosina
Encontrarle sentido lógico o explicación racional a la fiesta ceremonial de Días de Muertos, sería tanto como intentar explicar el misterio de la vida misma. La celebración huasteca del Xantolo, la Fiesta de todo lo Sagrado”, es una muestra más de la cultura, la identidad y las costumbres de una sociedad que honra y respeta, pero que también se burla de la muerte.
El Xantolo es una mezcla de la cultura Huasteca y las costumbres hispanas, pero se celebra conforme al Calendario Azteca , que dedica los meses nóveno y décimo a este evento, el primero concedido a los llamados “muertos chiquitos” y el segundo “para los muertos grandes o adultos”.
Sin embargo, los días consagrados a venerar a los muertos, se quedaron únicamente el primero y dos de Noviembre, como lo revela el ya desaparecido pintor y escritor, Fernando Domingo García en diversos estudios e investigaciones, pero en particular en su libro “Días de Muertos, el Xantolo de la Huasteca Potosina”.
La fiesta, está fundada en actividades del Calendario Lunar y su origen se remonta al mes de Septiembre. El ritual, está enfocado a venerar, recordar, honrar y celebrar a los santos inocentes y a los fieles difuntos que habitan “el más allá”, por sus familiares y amigos, que aún permanecen en la vida terrenal.
El Ritual
La celebración de Días de Muertos, señala que esta inicia el 30 de octubre, con la llegada de los “muertos chiquitos” al mundo terrenal, quienes regresan a morar entre los vivos durante 24 horas, para luego retornar al Mictlán, pues entonces comienza el descenso de las almas de los “muertos grandes o fieles difuntos”, que también retornan a la Tierra para visitar a sus familiares vivos, convivir con ellos, degustar sus platillos, bebidas y sitios favoritos.
Para recibir a las almas de los muertos, se prepara un Altar de Muertos, formado por un arco hecho de palos y hojas de limonaria enredadas con tiras de palma. También se colocan puñados de flores de cempasúchitl, frutas y otros objetos que pretenden simular el manto estelar para guiar su retorno a la Tierra.
A las almas de los niños se les coloca ofrendas en el altar con frutas, dulces, pan, juguetes, chocolate enredado en papeles coloridos, golosinas y refrescos, y para los muertos grandes se destinan viandas con tamales en hoja de plátano o maíz, zacahuil, atole, cerveza, tequila o aguardiente, caña de azúcar, naranjas, cigarros, pan de caja, bocoles, enchiladas, gordas de horno, dulces de calabaza, café de olla, pollo en mole.
También se colocan fotografías de los difuntos y en la región sur centro de la Huasteca, tríos de huapangueros, tocan sus “vinuetes” para alegrar el retorno de los ya muertos, en tanto pétalos de flor de cempasúchitl, garra de león, corocillo y viuda morada, son esparcidos a mitad de la calle y hasta el altar, para guiar el camino de los distinguidos visitantes.
Las ofrendas son conocidas como “Chichiliques”, palabra usada por los indígenas que no tiene una definición etimológica o gramatical, pero se asocia a “escuintle”, que significa niño en Tének.
La celebración de Xantolo se conserva más en los municipios de Tamazunchale, Xilitla, Matlapa, San Vicente Tancuayalab, Tamuín, Tanquián de Escobedo, Axtla de Terrazas, San Martín Chalchicuahutla, Huehuetlán, Ciudad Valles y Tancanhuitz de Santos.
En la delegación de Chapulhuacanito, municipio de Tamazunchale, se hace un ritual para pedir a los dioses les permitan danzar en honor a los muertos y ahuyentarlos para que no se lleven a vivos por equivocación. Los danzantes son conocidos como “Huehues” o “Coles”, que significa viejitos en náhuatl y son comandados por el Cole Mayor, ataviado con una máscara de madera, que agitando un látigo pretende espantar ahuyentar a la muerte de sus seres queridos.