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Cempasúchil, nuestra cultura, nuestra tradición

Junto al pan de muerto, el papel picado y las veladoras, adorna los tradicionales altares

“Cempasúchil florecerá, un jardín de colores y olores, se vestirá, cempasúchil, mío serás, y el otoño en noviembre por siempre, nos reunirá”, decía la canción de la banda colombiana Monsieur Periné, una despedida llena de amor, buena vibra y resignación. Parece que esta flor traspasa el significado para algunos.
 
Cada año, la flor de cempasúchil adorna los altares, posando junto al papel picado, el pan de muerto y los objetos queridos del difunto; en ramos, junto a veladoras, esparcidas por doquier, formando caminos o contornos en las cruces de sal, protagonizando los altares de muertos.
 
En la carretera a Zacatecas, rumbo a Mexquitic de Carmona, hay un campo de flor de cempasúchil, es la última semana de octubre y en el paisaje destaca el color verde y puntos mostaza, naranjas y amarillos.
 
Como si fuera un cuadro de Van Gogh, el campo ofrece al visitante una sensación de paz, las flores esperan ser trasladadas al camposanto, con aquellos que llevan años descansando o los que apenas acaban de llegar. Ellas no discriminan por antigüedad, ellas esperan abrazar al veterano o al recién llegado.
 
Cuenta la leyenda que dos enamorados se separaron por la guerra, el joven murió y su amada decidió venerarlo utilizando flores de cempasúchil, se dice que el guerrero se transformó en colibrí y se posó sobre la flor.
 
La señora Petra es la encargada de este campo, hace más de 50 años que se dedica a la venta de flores; inició desde niña junto a su madre, más tarde lo hizo junto a su marido.
 
Durante décadas, la pareja se dedicó a vender las flores cultivadas por sus propias manos, el campo forma parte del patrimonio que ambos construyeron, algo que se consiguió por la venta de cempasúchil, el tamaño del terreno podría albergar una tienda de autoservicio o una farmacia de franquicia.
 
Petra corta los tallos que sobran, hace ramos, sus dedos tienen un color verdoso por el contacto con las plantas, al fondo de la habitación está la foto de su esposo junto a flores blancas y de otros colores, también hay una foto de la Virgen de Guadalupe, Petra aún no le ha hecho su altar ni le ha puesto sus flores de cempasúchil.
 
“Nos faltaba un año para cumplir 50 de casados”, dijo.
 
Hace cuatro años el marido de Petra fue atropellado en la esquina de Vasco de Quiroga y Fray Diego de la Magdalena, colectivos ciclistas consideran esta esquina como el cruce más peligroso de la ciudad.
 
“El día que se fue, me abrazó tan fuerte, me dijo que me quería, se fue a vender flores al centro y ya no regresó, cuando no me quería levantar me decía que siguiera durmiendo, después veía que ya había cambiado el agua de las flores, había barrido, siempre fue un hombre bueno conmigo, me decía: Vieja vamos a comer un menudito, unos taquitos, ¿Usted cree que una olvida eso señorita?”, relató con la voz entrecortada, segundos después sonreía y veía la foto de su esposo.
 
En todo México, incluido San Luis Potosí y Latinoamérica, se utilizan las flores de cempasúchil para venerar a los muertos; cementerios, casas particulares, escuelas, centros comerciales y plazas históricas se llenan de estas flores.
 
Para algunos el olor no es grato, sin embargo para otros es un aroma característico de los festejos, un color mostaza, amarillo o naranja que se funde con la temporada y luce con la llama de las veladoras.
 
La flor de cempasúchil es parte de nuestra cultura, parte de nuestro otoño, parte de nuestra esencia y nuestras tradiciones.
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