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RUIDO

Infinidad de problemas ocasionados por un crecimiento urbano sin planeación y sin gobierno hemos comenzado a padecer miles de personas en esta ciudad. En este caso me refiero al problema del ruido.

            En infinidad de hogares sus moradores (niños, adultos, ancianos, enfermos) sufren las consecuencias de vivir en una ciudad gobernada por políticos oportunistas, empresarios ignorantes y burócratas corruptos, a quienes no importa el interés o bien colectivo.

Cada fin de semana, y hasta entre semana, operan centenares de negocios dedicados a ofrecer espacios para celebrar fiestas de quinceaños, primera comunión, bodas o cualquier otro motivo para convivir, beber alcohol y bailar bajo tormentas de ruido.

Estamos ante otro aspecto de la inexistencia del Estado del Derecho en México y de la búsqueda de una vida social saludable, porque una importante cantidad de estas fiestas comienzan a las 9 de la noche y se prolongan hasta después de las 2 de la mañana.

Con ello miles de ciudadanos sufrimos las consecuencias de negocios muy jugosos, de los cuales unos cuantos pueden beneficiarse en perjuicio de los demás. En números conservadores un salón de fiestas da ganancias entre 50 mil y 100 mil pesos al mes.

Casi ninguno de esos negocios cuenta con dispositivos para impedir que el ruido, producido por sus aparatos de sonido, emerja como un caudal diabólico a la calle e inunde con huracanes de decibeles enloquecedores los hogares vecinos.

Desconozco si exista una reglamentación municipal o en materia de salud, a partir de la cual sean obligados estos irresponsables empresarios a instalar murallas antirruido en sus establecimientos, con el propósito de proteger a la vida y a la salud de los vecinos.

No es exagerado decir que grandes torrentes de ruido (tamborazos, guitarrazos, cornetazos) pueden ocasionar a las personas problemas emocionales y llevarlos a estados de irritación a partir de los cuales consumen actos criminales.

Si una persona intenta descansar en una estancia vecina a donde existe un salón de fiestas es casi seguro que experimentará neurosis a causa de la imposibilidad de dormir y eso puede llevarla a cometer una acción violenta en contra de su autor.

Aquello parece no entenderlo quienes gobiernan. No se sabe de la existencia de una reglamentación que prohíba estrictamente la contaminación por ruido en los espacios colectivos, como la calle o los salones de fiesta, en detrimento de los vecinos.

O si existe, pues simplemente nadie hace algo por exigir su cumplimiento. De lo más que he sabido es de la existencia de una prohibición en el Bando de Policía y Buen Gobierno a hacer ruido en la vía pública. Eso y nada es la misma cosa.

He recibido quejas de los vecinos de varios establecimientos que operan con total impunidad. Por ejemplo, está el caso del salón de fiestas “Montblanc”. Éste ha sido denunciado hasta el cansancio por sus vecinos y nadie ha hecho algo en su contra.

Dicho negocio se ubica en Calzada de Guadalupe y Casamadrid, en el barrio de San Sebastián. La Dirección de Comercio municipal llegó al descaro de disculparse por “estar impedida de hacer algo” para prohibir a su propietaria contaminar con ruido.

En vez de actuar a favor del bien común (como dice la cínica prédica panista), fueron invitados a llevar su denuncia ante la Policía Municipal por violación al Bando de Policía y Buen Gobierno. Es obvio que ahí nadie atiende una llamada de esa especie.

También se les pidió quejarse en la Dirección de Ecología municipal. Ahí el asunto ha tardado meses en resolverse. Y lo peor es que allí mismo les dijeron que la Dirección de Comercio debía quitar la licencia de uso del suelo a la propietaria del “Montblanc”.

Otra puerta que tocaron fue la Secretaría de Salud en el Estado. A través de un correo electrónico a los administradores de su página web pidieron intervención de esta dependencia, pues supondrían que la contaminación por ruido debe competerles.

Jamás obtuvieron respuesta de esa institución, pese a que, como ya dijimos, esta especie de contaminación ocasiona daños en la salud de las personas. Como este asunto, existen decenas en toda la ciudad.

Me imagino por la situación que sufren los vecinos de la Plaza de Toros El Paseo, ubicada entre un importante caserío. De unas semanas a la fecha allí han comenzado a organizarse bailes, también de madrugada. El ruido puede escucharse a varios kilómetros.

Nos encontramos ante uno de los muchos problemas que están comenzando a sufrir los y las habitantes de una ciudad cuyo crecimiento urbano, comercial e industrial se ha visto disparado en los últimos años.

Por consiguiente, quienes la gobiernan deberían comenzar a estudiar formas creativas, ingeniosas y sobre todo democráticas de solucionar los problemas que ya deterioran la vida de la colectividad y anticipar otros nuevos.

En el caso de la contaminación por ruido deben hacerse cambios sustanciales a la legislación, incluso a la reglamentación sobre fiestas y espectáculos, porque no es posible que el asunto fundamental de la existencia humana esté supeditado al interés del dinero.

Muchas costumbres y tradiciones deben comenzar a transformarse a favor de una existencia armónica y saludable. En el caso de las fiestas (quinceaños, bodas, banquetes), deben prohibirse en salones durante horarios nocturnos.

Debemos preguntarnos quién inventó esa especie de “norma” a partir de la cual sólo puede disfrutarse de una boda o de unos quinceaños después de las 9 de la noche. Estos eventos bien pueden celebrarse durante el día y concluir antes de las 10 de la noche.

¿Acaso es mejor una boda o se recuerdan más unos quinceaños si estas fiestas ocurren hasta la 1 o 2 de la mañana? Debemos pensar en que nuestra ciudad ya no es aquel pequeño pueblo en que nuestras fiestas se hacían en el patio o en el corral de la casa.

También cada salón debe pedir autorización por evento a las direcciones de Comercio, Ecología y Policía municipales. Con ello se evitaría que el ruido intoxique a las familias vecinas durante las noches, porque el sueño es fundamental en una vida saludable.

Asimismo, debe exigirse a cada propietario de salón de fiestas equipar sus edificaciones con murallas antirruido. Así, se evitaría causar molestias a los vecinos por la operación de estos negocios y se evitarían daños a su salud o incluso actos violentos.

Otro tanto tiene que ver con el diseño de una reglamentación para establecer límites a la cantidad de decibeles a emplearse durante estas fiestas. ¿Quién nos ha hecho creer que una fiesta es más sabrosa mientras más cantidad de ruido se produce en ella?

Lamentablemente para los intereses de una comunidad que desea vivir con tranquilidad y con calidad, este horizonte no se asoma como algo posible. Estamos en manos de políticos mezquinos, empresarios anodinos y burócratas corruptos.

Para todos ellos aquello de “bien común” sólo es una expresión retórica, vacía de contenido, apenas útil como mensaje propagandístico. Quizás tenemos ante nosotros un nuevo tipo de protesta social. La lucha contra el ruido.

 

San Luis Potosí, S.L.P., a 21 de noviembre de 2008.

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