El circuito cerrado en la casa de la familia Barragán Álvarez, utilizado para supervisar sus actividades comerciales, videograbó las vejaciones sufridas hasta que lo destruyeron.
La madrugada del 5 de marzo, mientras la familia Barragán
Álvarez dormía, un comando armado entró a tres casas contiguas en Uruapan,
Michoacán. En total, 15 niños y 12 adultos fueron violentamente sorprendidos
para una revisión.
“Encapuchados, sin orden judicial, rompieron chapas y
ventanas. Entraron, buscaron armas y droga. Luego se llevaron a tres personas”,
narra un testigo a EL UNIVERSAL.
Con copias de la fe pública que sentó un notario, mismas
que entregó a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), añade:
“Después nos enteramos que era el Ejército, en pleno combate al narco”.
Según las acciones que enmarca el Operativo Conjunto
Michoacán, primero en su tipo en la gestión de Felipe Calderón, el Ejército
apoya en las labores de seguridad y en ocasiones sustituye a los cuerpos
policiacos.
En la escena, alrededor de las 3:30 de la madrugada, unos
200 militares llegaron a Paseo de la Revolución, colonia Zumpimito de Uruapan,
Michoacán. Cubrieron toda la calle. Prepararon su ataque y entraron a las casas
20, 22 y 24, además de las accesorias donde se encuentran una tortillería, una
tienda de abarrotes, una carnicería y una bodega de forrajes.
Entraron hasta las habitaciones donde dormían por separado
niños, señoritas y hombres. Los amagaron y revisaron sus pertenencias.
Entre gritos de desesperación y llanto de los menores, los
uniformados aprehendieron a tres. A Vicente, Ernesto y Jesús Barragán Álvarez
los “levantaron” y trasladaron a la carretera Uruapan-Apatzingán abordo de una
camioneta de su propiedad. Ahí, según comentan los familiares, se les encontró
armas, dinero, joyas y equipo de radiocomunicación.
El testigo explica: “Nunca los detuvieron en el paraje Los
Ángeles, los agarraron en sus casas, estaban en ropa de cama, dormidos. Las
armas son cortas, de bajo calibre, del tipo que cualquier familia en Michoacán
tiene, por costumbre. ¿Joyas? Las que heredan entre familiares. Y el dinero, el
que se robaron de sus comercios”.
“¿Por qué no mejor llamar a la ciudadanía a participar en
los operativos y evitar que seamos sorprendidos?”, se pregunta al tiempo que
aclara: “No estamos en contra del Ejército, sino de la forma en que actúa”.