Ese enorme héroe del pueblo que fue Antonio Gramsci, cuya
elaboración teórica fue hecha principalmente en prisión, advirtió que el
control de la conciencia es un campo de lucha política, como el control de las
fuerzas productivas.
A
diferencia de las viejas escuelas idealistas que miran en la “conciencia” un
rasgo divino, Gramsci traza esta nueva línea de comprensión sobre los procesos
de elaboración del juicio, a partir de las elaboraciones del marxismo.
Marx había advertido en su Ideología alemana cómo el “espíritu”
nace ya tarado, con la maldición de estar preñado de materia. En todo caso, si
dicho “espíritu” o “conciencia” fuese expresión divina, será un dios idiota.
Trataré de explicar estos
párrafos iniciales y buscaré asociarlos con la amenaza a que nos enfrentamos de
ver expropiado nuestro petróleo, como parte de una conspiración de grandes
corporaciones empresariales y sus cómplices.
Si el control de la conciencia es
un campo de la lucha política, como resultado del aseguramiento de la
privatización de la riqueza social, como dice el Gramsci marxista, por eso es
que estamos ante una masa mezquina.
Frente al afán privatizador del
petróleo y la profundización de los muchos problemas que ya tenemos
(depauperación de la gran masa humana mexicana, patologías de toda clase,
destrucción de familias), muchos están como mensos.
Es resultado de una “educación” deplorable,
diseñada y ejecutada desde sus primeros años de existencia, como acto perverso
para enajenar a esa gran masa humana popular e impedirles desarrollar su
“conciencia” de lo existente.
Como esa burguesía que tiene el
poder económico y político no es sonsa y va para más de tres siglos en su
ejercicio de dominación global, ha entendido que la “educación” a la masa es
una forma de controlar su conciencia.
Más que crear condiciones para
que el “espíritu” deje su estado de “taradez” y avance cualitativamente hacia
mayores niveles de conocimiento de lo existente y de sí mismo, la “educación” a
la masa es para amensarla.
Aquí un dato empírico: entre las
varias cosas que hago para sobrevivir, está la de trabajar como profesor. Ayer
la organización de que forma parte dicho establecimiento escolar hizo una
concentración frente a Palacio de Gobierno.
Fuimos convocados para estar en
el sitio, incluso los estudiantes, para limosnear apoyos paternalistas. En el
escenario existía un sitio de protesta contra el criminal Felipe Calderón y
socios por su afán de privatizar el petróleo.
Entonces dije a mis estudiantes
que debían expresar su repudio por esta amenaza, cosa que sería bastante
simple: estampar su firma en un manifiesto de protesta. Ninguno hizo eco de mi
iniciativa; y todavía uno de ellos cuestionó:
“¿Y cuánto me voy a ganar por
eso?”. Ponga esto en boca de un universitario y así veremos que la “educación”
mexicana ha dado un tremendo triunfo a la burguesía en sus afanes enajenadores.
En su voz expresó la mismidad del
sujeto atrapado en la pulsión de los deseos primarios, la opacidad del
pensamiento para penetrar en los más oscuros secretos, el cuerpo propio como
único universo existente.
Fue incapaz de mirarse a sí mismo y
aceptar que su propia existencia, la comodidad con que transcurren sus días
como clasemediero, su formación en un establecimiento escolar privado, han
venido del ingreso petrolero.
Es hijo de un profesor de
telesecundarias. Hablo de un intelectual al servicio del Estado que aquí es de
los mejor pagados del sistema educativo. Un profesor de telesecundarias puede
ganar hasta 3 500 dólares mensuales.
Tomó a sorna cuando se le dijo
que él y su padre ya han sido beneficiados por el petróleo. Como los cheques de
la burocracia no especifican cuánto de su salario procede de ese concepto,
creen que nada sacan de ese tesoro.
Muchos ciudadanos, incluso
aquellos que trabajan en la burocracia, carecen de herramientas intelectuales
que les permitan descifrar los signos de la acechanza del proyecto privatizador
de esta enorme riqueza mexicana.
Son incapaces de ver que todo está
entramado en lo social. Y así, aunque uno no fuese burócrata (como los
profesores) una educación desalienante nos permitiría conocer que hasta un acto
simple tiene múltiples consecuencias.
Puede ser que a uno ni un quinto
llegue a su cartera por la venta de petróleo. Sin embargo, hasta un productor
de gordas de chicharrón puede favorecerse con clientes con dinero en el
bolsillo para comprar su mercancía.
Una mayor masificación de la
miseria, como amenaza esta medida criminal de Felipe Calderón y sus amigos
delincuentes Favio Beltrones y Emilio Gamboa, vulnerará nuestros ya frágiles
espacios de vida y convivencia.
Bastante idiota, por cierto, ese
argumento del usurpador, aceptado como silogismo aristotélico por los merolicos
de programas de radio y televisión, de que ahora sí seremos dueños del petróleo
a través de la compra de bonos.
Quienes creemos que las
siguientes tres medidas (desnacionalización del petróleo, de la energía
eléctrica y del agua potable) pulverizarán los últimos espacios de vida civilizada
que tenemos, debemos esforzarnos en su defensa.
Debemos buscar argumentos en la
historia y en la vida cotidiana, que nos permitan hacer despertar a esa
“conciencia” de la masa popular, tarada por años de “educación” enajenante, al
conocimiento de sí misma y de lo existente.
Muchos jóvenes desconocen que en
el pasado uno estudiaba licenciatura con apenas 5 dólares de mensualidad, pues
quizás sus profesores se conforman con reproducir el “currículum” diseñado
perversamente por la burguesía.
Tampoco saben que obras que
siguen beneficiándolos, como los extensos parques recreativos (aquí disfrutamos
del Parque Tangamanga), fueron hechos por el ingreso petrolero, pues somos
avaros con nuestras obligaciones fiscales.
En el colmo de la ignorancia,
esos cuasi profesionales universitarios ni siquiera saben que el gobierno no
produce dinero para atender necesidades sociales, como clínicas de salud,
electrificación de comunidades, agua potable.
Quién sabe de qué fuente
misteriosa adivinarán que el gobierno saca dinero para resolver nuestras graves
carencias y rezagos. Claro que para esa masa comodina de universitarios, su
único universo de posibilidad es sí mismo.
Contra el discurso oficial, como
el de la bruja Elba Esther Gordillo, impuesta por el Estado burgués como
capataz de profesores, en la defensa del petróleo mexicano vemos cómo esa
“educación” no despierta “conciencia”.
Más bien, es útil para extraviar
más al “espíritu”, hacer que se pierda y se distraiga, en vez de buscar su “trascendencia”,
como diría Hegel. Esa es la estrategia de la burguesía en su vil afán de
programar a la conciencia.