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C O M P A R T I R

INTERVENIDO EL IEEA POR LA CONTRALORÍA

Eduardo José Alvarado Isunza, ealvaradois@yahoo.com | 23/02/2007 |

 

Versiones dosificadas han aparecido, en medios informativos locales, acerca de actos de corrupción en el Instituto Estatal de Educación de Adultos. Recién me las confirmó una fuente cercana.

Existe un fraude multimillonario en esa entidad pública, organizada para atender necesidades educativas de personas marginadas del servicio, que van de alfabetización, educación básica y media superior.

Aquellas escuetas versiones, divulgadas por varios medios informativos, han intentado ocultarse con mentiras de los hasta hoy todavía directivos del IEEA. Dicen que es una campaña difamatoria de personal de honorarios.

            No lo es. En realidad sí existe un fraude de varios millones de pesos que ha quebrantado gravemente las finanzas del IEEA. Tanto así que hay empleados de confianza y mandos medios que todavía no reciben pago de aguinaldos.

            En situación semejante están decenas de trabajadores por honorarios. Todavía no es un escándalo grande, porque los sindicalizados tienen sus derechos a salvo. De ahí el silencio de su representación sindical.

            Esto lo sabe la Contraloría General del Estado. Tanto así que ya suspendió a dos mandos administrativos, ni siquiera potosinos. Llegaron de Coahuila con otro gobierno. Desde luego, ya nadie sabe dónde están.

            Como sucede con el amor, el dinero y la estupidez, ellos no pudieron ocultar su cadena de robos contra una institución pública, organizada para atender las necesidades educativas de los miserables, como decimos.

            También la envidia es un componente de esta historia. Cayó como ácido en hueso a compañeros que los veían parrandear todas las noches con botellas de Buchanans etiqueta roja, que me dicen cuestan mil pesos.

            Mientras los empleados del IEEA viven forzadamente en la medianía de sus salarios, aquellos ejecutivos vivían como jeques árabes o texanos dueños de pozos petroleros o señores de algún cartel de narcotráfico.

            Duro y molesto, como una piedra en el riñón, compararon sus cafeteras en que llegan a la oficina con los BMW y Cadillacs, con valor de más de 400 mil pesos, que transportaban aquellas dignidades.

            Otra vez la torpe inclinación de moler a otros con despliegues de grandeza y su consecuente ofensa a la condición de miseria de los demás, ocasionó un escándalo.

            Este primero llegó a oídos de algunos de los actores políticos del momento. Después trascendió a ciertos periodistas que ya entregaron dosificadamente su información. Y ahora la Contraloría intervino.

            Son tres aquellos personajes de que hablamos. Uno es el senador Alejandro Zapata, otro el también senador Eugenio Govea y uno más el diputado local Vicente Toledo. Son todos panistas.

            Nuestra fuente cree que pueden estar interesados en utilizar esta coyuntura con un interés político. Buscarían quitar del sillón a Isidoro del Camino Ramos. Por fin llegaría el final de los días de este burócrata priísta.

            Del Camino es un personaje de mediana inteligencia. Sobrevive en la administración pública, porque hablamos de que ese es el continente de la mediocridad. No hace falta inteligencia para ser funcionario.

Ni sabiduría ni proyección académica son recurso indispensable para enquistarse en un cargo público por años y vegetar del delicioso presupuesto público. Son otras las cualidades que debe tener un burócrata.

Es posible que Del Camino prolongara su estancia en el IEEA como resultado de un convenio bajo la mesa entre el ex gobernador Fernando Silva y el actual Marcelo de los Santos. Quizás tenía sus propios contactos en la SEP.

Pero el tiempo avanza y cambia inexorablemente, trayéndonos nuevas circunstancias junto con el polvo de febrero. Fueron los excesos de un par de forasteros con aires de monarcas lo que ha eclipsado la carrera de Isidoro.

Sus francachelas, con alcoholes para lenguas de magnates, y sus coches de narcotraficantes tamaulipecos, en donde viajaban por las calles  como en estuches finos de joyería, llegaron pronto a oídos en la estratosfera del poder.

Quienes son dueños de esos oídos, como todavía tienen amigos en lista de espera, vieron aquí ocasión para promoverlos a la silla que seguro dejará vacante Isidoro del Camino. Es casi imposible sostenerlo.

No solamente porque sus administrativos cometieron fraudes multimillonarios contra la institución que tienen los pobres para mejorar su condición educativa. Más que eso, porque los tiempos ahora le son adversos.

Casi seguro este acto delictivo quedará impune. Ya dijimos que prácticamente huyeron los burócratas con aires de aristócratas, implicados en el robo. A estas alturas andarán en Las Bahamas.

También puede ocultarse su conocimiento a la opinión pública, puesto que los escándalos de fraudes y hurtos contra la sociedad no son de buena propaganda. Eso más bien depende del momento y de los actores.

Quizás la Contraloría sólo investigará cómo y de cuánto fue el monto del fraude en el IEEA. Presentará su dictamen y éste servirá para despedir a Del Camino. Es en ese escenario donde entra otra veta para la tertulia del café.

Hablamos de la existencia de actores políticos detrás del asunto. Para estas fechas ya habrán promovido a algunos de sus amigos en la mesa del poder donde suceden las negociaciones más importantes.

¿Quién sustituirá a Del camino? ¿Acaso un miembro de la corriente de Alejandro Zapata? ¿Tendrá fuerza suficiente Eugenio Govea para pedir que sea uno de sus adheridos? ¿Para quién trabaja el diputado Toledo?

Ante lo que nos encontramos es ante una cosa frívola, de verdad. Es decir, a quién importa si debe castigarse drásticamente cualquier acto de pillaje a la cosa pública. Esto debe mirarse con un sentido de practicidad.

Aquí lo verdaderamente esencial es quién sustituirá a Del Camino y si su posición sirve para tejer una alianza política o hacer la finta de que eso es, aunque no lo sea.

De todas formas, los pobres van a seguir siendo pobres. A más que mantener otro pillo en la cárcel cuesta caro.

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