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HOMILÍA: Seamos previsores

Más vale prevenir, que tener que corregir. Porque la corrección, deja manchaocicatriz, y la prevención nos evita padeceresas penas.
 
Prevenir, es hacer uso, de la capacidad que tenemos, para mirar más alládel presente.
 
Dios, nos dio la inteligencia, para que pudiéramos prevenir, lo que pueda suceder, antes de que suceda.
 
Decía Comte: “Hay que ver, para prever, y después proveer”.
 
Sin embargo, el hombre “posmoderno”, está fijoen  el “aquí y el ahora”, yse olvida que también hay un mañana.
 
El reino de los cielos, es algo semejante, es ese regalo que Dios tiene, para los que estén prevenidos. Porque, el cielo, puede llegar de sorpresa.
 
Ya lo dice el Señor: “Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora”(Mt.25)
 
Hay acontecimientos, que  cambian repentinamente  la vida, y nos toman por sorpresa.
 
Por eso, el reino de los cielos, es para los  que son previsores.
 
No hay que conformarse con solo vivir el presente,y olvidar que lo mejor, puede llegarde manera repentina.
 
Narra el Evangelio, refiriéndose a las jóvenes que tenían que tener sus lámparas encendidas para la llegada del esposo, y dice: “ Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara.” (Mt.25).
 
Que buenoes pensar, que después de esta vida, una vida mucho mejor, nos espera allá.
 
Por tanto, no hay que restar importancia a las cosas de Dios, porque el cielo, es nuestra morada definitiva.
 
Y, si es poco el aceite, lo más seguro, es que la llegada de Dios, nos encuentre con la lámpara apagada.
 
Pidamos al Señor, que, a su llegada, nuestraslámparas estén encendidas;y así, estar bien dispuestos a celebrar, las alegrías de la vida.
 
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
 
 
 
EVANGELIO
Del santo Evangelio según san Mateo 25, 1-13
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
 
A medianoche se oyó un grito: ‘¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!’ Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: ‘Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando’. Las previsoras les contestaron: ‘No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo’.
 
Mientras aquéllas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’. Pero él les respondió: ‘Yo les aseguro que no las conozco’.
 
Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora”. Palabra del Señor.
 
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