Lo que comenzó como una espectacular licencia poética del cine de Hollywood terminó transformando para siempre el calendario cultural de la capital mexicana. En 2015, el estreno mundial de Spectre, la entrega número 24 de la franquicia del agente James Bond protagonizada por Daniel Craig y dirigida por Sam Mendes, deslumbró al público con un plano secuencia inicial de más de tres minutos que mostraba una multitudinaria procesión de calaveras gigantes, catrines y carros alegóricos en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México. Hoy, a 11 años de aquel rodaje que paralizó el corazón del país, esa visión cinematográfica es una de las tradiciones modernas más masivas de México.
Ficción que se convirtió en realidad pública
Antes de 2015, la festividad del Día de Muertos en la Ciudad de México se celebraba primordialmente en el ámbito familiar, en panteones como el de Mixquic o mediante ofrendas monumentales en plazas públicas y museos. No existía un desfile masivo al estilo carnavalero a lo largo de Paseo de la Reforma.
La producción de Spectre invirtió meses de preparación, contratando a más de 1,500 extras locales, marionetistas, maquillistas y diseñadores de vestuario para crear una atmósfera carnavalesca que sirviera de escenario para la persecución entre James Bond y el villano Marco Sciarra. La magnitud visual del resultado en pantalla impresionó a tal grado a las autoridades turísticas y culturales que, al año siguiente, en 2016, el Gobierno de la Ciudad de México organizó el primer Desfile Internacional de Día de Muertos, aprovechando incluso parte del utilaje, las calaveras de utilería y la logística desarrollada por la película.
Impacto cultural y económico
El impacto del filme trasciende la pantalla grande, convirtiéndose en un fenómeno de mercadotecnia urbana y promoción turística sin precedentes.
Un clásico contemporáneo del cine de acción
Más allá de su impacto sociocultural en México, Spectre ocupa un lugar destacado en la etapa de Daniel Craig como el agente 007. La secuencia mexicana, que culmina con una arriesgada maniobra de helicóptero sobre la Plancha del Zócalo, es recordada como uno de los logros técnicos más complejos en la historia reciente del cine de acción, grabado sin el uso predominante de efectos digitales CGI.
A 11 años de su llegada a las salas de cine, la película no solo reafirmó la vigencia del espía británico en la cultura popular, sino que demostró cómo el cine puede redefinir la identidad de una metrópoli, convirtiendo una escena de ficción en una tradición viva que cada año reúne a millones de personas.