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Una oposición con viejos aliados

Detrás del Telón

El alcalde capitalino Enrique Galindo Ceballos regresó a Ciudad Valles con un discurso que lo coloca cada vez más en el escenario de la sucesión gubernamental. Al proclamarse antigallardista y convocar a formar un frente contra el gobernador Ricardo Gallardo Cardona, volvió a poner sobre la mesa una estrategia política basada en la confrontación, aunque todavía está por verse qué propuesta de fondo acompañará ese posicionamiento rumbo a 2027.

Por ahora, su discurso parece apostar por convertir la distancia con el mandatario estatal en una de sus principales cartas para disputar el poder. Se trata de una postura que plantea un escenario de dos bandos: estar con él o con la Gallardía, como si San Luis Potosí tuviera únicamente esas alternativas. La política potosina es mucho más diversa y no se agota en la confrontación entre dos figuras.

Reducir la pluralidad de la entidad a esa disputa deja fuera a otros partidos, liderazgos y expresiones ciudadanas que también tienen voz y aspiraciones. La oposición no tiene propietarios ni necesita salvadores autoproclamados; requiere propuestas, acuerdos y una agenda que trascienda las diferencias con el gobierno en turno.

Otro aspecto a considerar es que Galindo todavía no tiene asegurada la candidatura del PAN ni la del PRI. En ese escenario, presentarse como una alternativa de unidad mientras reivindica a la llamada “herencia maldita” abre un debate sobre el proyecto político que pretende encabezar. Ese pasado está marcado por cuestionamientos de corrupción, privilegios, rezago y estancamiento económico y social, además de las interminables disputas internas del PRI por el control del poder.

La defensa de los gobiernos anteriores parece buscar recuperar a los grupos que fueron desplazados de las posiciones de decisión y que hoy encuentran en la posibilidad de una nueva contienda electoral una oportunidad para regresar. No se puede ignorar que varias de esas administraciones dejaron una larga lista de señalamientos por el manejo del erario, prácticas de represión y restricciones a la participación democrática. La memoria política de San Luis Potosí no debería acomodarse a conveniencia de quienes ahora buscan recuperar espacios.

Así, el antigallardismo corre el riesgo de convertirse más en un punto de encuentro para antiguos grupos de poder que en una propuesta renovadora. Los personajes que añoran los privilegios perdidos parecen encontrar en este discurso una oportunidad para reorganizarse y volver a ocupar posiciones que durante años consideraron propias.

Pero mientras el tablero electoral comienza a moverse, hay otro frente que no puede quedar fuera de la discusión: la capital potosina. Después de cinco años de administraciones encabezadas por Galindo, la ciudad todavía enfrenta problemas de baches, deterioro de vialidades, deficiencias en el suministro de agua y servicios públicos que requieren atención permanente. Son asuntos que forman parte de la evaluación ciudadana y que inevitablemente acompañarán cualquier aspiración política.

La proyección estatal de un gobernante también se construye a partir de los resultados que deja en su municipio. Por eso, antes de que la contienda por la gubernatura tome mayor fuerza, será importante que la conversación pública incluya los avances y pendientes de la capital, más allá de las diferencias partidistas.

Galindo busca posicionarse como una figura con futuro político, pero su acercamiento a los grupos del pasado plantea interrogantes sobre la naturaleza del proyecto que pretende construir. Si la apuesta es encabezar una nueva etapa para San Luis Potosí, tendrá que demostrar que las alianzas y el discurso antigallardista pueden traducirse en algo más que una reorganización de las viejas fuerzas políticas. Porque cambiar de adversario no necesariamente significa cambiar de proyecto.

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