Los edulcorantes forman parte de las mañanas de muchos españoles: endulzar el café sin añadir azúcar. También aparecen en refrescos, yogures y postres bajos en calorías. Sin embargo, su uso como alternativa saludable lleva años bajo revisión. En 2023, la Organización Mundial de la Salud desaconsejó utilizar determinados edulcorantes sin azúcar para controlar el peso a largo plazo, una recomendación que no abarca todos los sustitutos ni se aplica a personas con diabetes previa.
Una investigación publicada en septiembre de 2025 en Neurology, la revista de la Academia Estadounidense de Neurología, analiza su relación con la evolución de las capacidades cognitivas. "Los edulcorantes bajos en calorías o sin calorías suelen considerarse una alternativa saludable al azúcar; sin embargo, nuestros hallazgos sugieren que ciertos edulcorantes pueden tener efectos negativos en la salud cerebral con el tiempo", explicó Claudia Kimie Suemoto, investigadora de la Universidad de São Paulo, en el comunicado de la academia.
El estudio siguió durante aproximadamente ocho años a 12.772 adultos de Brasil, con una edad media inicial de 52 años. Los participantes completaron un cuestionario sobre su alimentación del año anterior y realizaron pruebas cognitivas en tres momentos del seguimiento. Los investigadores evaluaron memoria, fluidez verbal y velocidad de procesamiento, entre otras capacidades. Después compararon tres grupos de consumo: el de menor ingesta registraba una media de 20 miligramos diarios de los edulcorantes analizados, frente a los 191 miligramos del grupo de mayor consumo.
De las siete sustancias estudiadas, seis se asociaron con un deterioro más rápido del rendimiento cognitivo: aspartamo, sacarina, acesulfamo-K, eritritol, sorbitol y xilitol. No se encontró esa relación con la tagatosa, lo que tampoco demuestra un efecto protector. Actualizado tras una corrección del estudio en julio de 2026, el grupo de mayor consumo presentó un declive un 63% más rápido que el de menor ingesta, equivalente a unos 1,6 años adicionales de envejecimiento cognitivo. Esa equivalencia describe resultados en pruebas, no una medición directa del envejecimiento biológico del cerebro.
La asociación tampoco apareció por igual en todas las edades. El análisis la encontró entre los menores de 60 años, pero no entre los participantes de 60 años o más. La diabetes también introdujo diferencias. "Si bien encontramos vínculos con el deterioro cognitivo en personas de mediana edad, tanto con diabetes como sin ella, las personas con diabetes son más propensas a usar edulcorantes artificiales como sustitutos del azúcar", señaló Suemoto en el comunicado de la Academia Estadounidense de Neurología.
"Se necesita más investigación para confirmar nuestros hallazgos y determinar si otras alternativas al azúcar refinado, como la compota de manzana, la miel, el jarabe de arce o el azúcar de coco, pueden ser alternativas eficaces", afirmó Suemoto.