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Volver abrir no basta los parques Tangamanga

Los parques Tangamanga no es solo son un conjunto de andadores, canchas y áreas verdes: son hoy parte de los grandes espacios comunes de San Luis Potosí. Para generaciones de potosinos, han sido lugar de juego, deporte, descanso y encuentro. Por eso, la reapertura de cuatro sitios emblemáticos del Tangamanga I —el Castillo Encantado, el Ecomuseo, el avión El Mezquite y el Monumento Solaris— es una buena noticia. También es una oportunidad para preguntar qué significa, en serio, recuperar un parque.

En este aspecto amigo lector creo importante no perder de vista que estos espacios son únicos, como en ningún estado de la República mexicana a excepción del parque del bosque de Chapultepec en la Ciudad de México, la gran responsabilidad que conlleva que haya un equipo concientizado de este lugar como un espacio vivo, sin duda alguna se refrenda con los nuevos proyectos que se integran al rescate de sus atractivos.

Hay algo poderoso en volver a abrir una puerta que llevaba años cerrada. El Castillo Encantado permaneció clausurado por más de dos décadas; el Ecomuseo puede recuperar su vocación de contar la diversidad de las cuatro regiones del estado; y El Mezquite el emblemático avión, vuelve a integrarse a la vida del parque. Solaris, dedicado al eclipse de 1984, gana visibilidad con su traslado a la glorieta principal. No son piezas intercambiables: guardan memoria, despiertan curiosidad y pueden acercar a niñas, niños y familias a la historia y la cultura potosinas.

La recuperación merece reconocimiento, pero no debe confundirse con una inauguración. Abrir un espacio es el comienzo; sostenerlo, mantenerlo y dotarlo de contenido es la tarea difícil. ¿Quién se hará cargo de su operación cotidiana? ¿Con qué presupuesto? ¿Qué actividades ofrecerá durante todo el año? Esa información no es un dato accesorio, y me atrevo a decir que esta administración lo sabe; pues permite evaluar prioridades y saber si la rehabilitación tendrá continuidad, ya que a lo largo de esta administración se ha visto que es verdadera preocupación del titular del ejecutivo que se valore e incluso con los cambios de titulares responsables de estos espacios si fuera el caso que no dieron el ancho.

El gobierno ha vinculado la modernización, los horarios extendidos y la iluminación con un aumento en la afluencia, y la autoridad de seguridad ha defendido la recuperación de estos lugares como una forma de fomentar convivencia y tranquilidad. Son objetivos legítimos. Pero la seguridad no se construye solo con luminarias o vigilancia: también requiere espacios cuidados, actividades incluyentes y presencia pública constante. Un parque vivo necesita que la gente pueda recorrerlo con confianza, no únicamente que vuelva a aparecer en la agenda oficial, y es esta administración a diferencia de muchas otras anteriores que se están tomando muy en serio los parques como una parte muy importante de la cohesión social de los potosinos.

También conviene mirar más allá de los nuevos atractivos. La modernización de los Tangamanga debe convivir con la razón más básica de su existencia: proteger un pulmón urbano y ofrecer naturaleza accesible dentro de la ciudad. Los espectáculos, las nuevas instalaciones y la ampliación de horarios pueden sumar, siempre que no desplacen la conservación, el arbolado, la fauna y el uso cotidiano de quienes corren, caminan o buscan un sitio tranquilo. El parque no puede medirse solo por cuántas personas entran, sino por la calidad del espacio que encuentran y por su capacidad de conservarse para las próximas generaciones.

En alguna ocasión como parte del trabajo periodístico, se me ocurría el ahondar en esa parte que refiere a conocer el padrón de árboles que tienen los parques, su salud y su tiempo de vida, así como también la fauna y ese ciclo de vida que de manera delicada está presente en una cadena que debemos cuidar todos, de ahí que el tema de manejo de basura y desperdicios sea un punto clave para su conservación.

el Tangamanga II puede entenderse como una forma de justicia ambiental. No basta con que la ciudad tenga grandes áreas verdes; importa dónde están y quiénes pueden disfrutarlas. Para las familias del norte, el parque es un lugar cercano para caminar, hacer deporte y reunirse, además de un respiro frente al entorno urbano. Su presencia recuerda que el bienestar y el contacto con la naturaleza no deben ser privilegios asociados a determinadas zonas de la ciudad.

La modernización de ambos parques debe reconocer esas diferencias. El Tangamanga I tiene una dimensión histórica, cultural y recreativa que exige cuidar sus edificios, monumentos y espacios naturales. El Tangamanga II requiere también mantenimiento, servicios y actividades pensados para las comunidades que lo rodean.

hoy como lo dijo el gobernador, Ricardo Gallardo, el Tangamanga 2 se esta convirtiendo en un lugar que alberga un foro para la presentación artística y cultural que verdaderamente está teniendo éxito, donde se han realizado conciertos de grupos desde la música rock hasta el regional mexicano.

La reapertura del 28 de octubre de 2026 marca un nuevo capítulo, pero el legado dependerá de lo que ocurra después del acto inaugural. Que los cuatro sitios vuelvan a recibir visitantes es motivo de celebración; que permanezcan abiertos, cuidados, accesibles y con una programación digna será la verdadera prueba. Los Tangamanga pertenecen a la ciudad y a su gente. Recuperarlos exige algo más que devolverles las llaves: exige transparencia, mantenimiento y una visión donde la vida cultural y recreativa fortalezca —y no contradiga— su vocación ecológica, ¿usted que cree?

HASTA LA PRÓXIMA.

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