Pese a su sorprendente triunfo, el margen de maniobra del Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, para su cuarto mandato no consecutivo se anuncia limitado.
En las elecciones del 5 de octubre, los brasileños eligieron el Congreso más conservador desde el retorno a la democracia al país en la década de 1980. El Partido Liberal de Flávio Bolsonaro quedó como la primera fuerza política, con 121 de los 513 diputados y 28 de los 81 senadores.
Muchos legisladores que asumirán el cargo en febrero de 2027 están interesados en remodelar el Supremo Tribunal Federal, la economía, y las políticas de derechos humanos y ambientales.
Si los legisladores de derecha y de centro se unen -entre estos los del partido de Bolsonaro- podrían controlar más de 280 escaños en la Cámara de Diputados, obteniendo una mayoría simple, e incluso podrían reunir una súper mayoría en una amplia alianza para cambiar la Constitución. Se espera una dinámica similar en el Senado, donde podrían sumar 50 escaños.
Para aprobar sus propuestas, Lula dependerá fuertemente del llamado "Centrão", un bloque de partidos de centroderecha que da su apoyo a cambio de cargos y recursos, y que suele inclinarse hacia el Gobierno de turno. Pero especialistas advierten que negociar con ellos es cada vez más difícil.
El Mandatario electo restó importancia a las dificultades que podría enfrentar para impulsar su agenda legislativa.
"Hay gente que dice que voy a tener dificultades para gobernar. Fue el pueblo quien eligió al Congreso y es con él con quien voy a trabajar, votar y aprobar las cosas", afirmó.