Es necesario amar, sin dejar de sentirse amado.
Hay que dar amor, pero también hay que recibirlo; es buenoque amemos, perosin dejar de amarnos.
Aunque, lo más importante, es amar al autor de la existencia; amar a Dios, antes quea nadie.
San Agustín, le dice a Dios: “…porque nos has creadoorientados hacia tiy sin reposo está nuestro corazón hasta que repose en ti”. (S.Ag.Conf. 1,1).
El corazón tiende hacia Dios; pero nosotros, ignoramoslo que el corazón está pidiendo.
Decía Pascal: que el corazón tiene sus razones.
Lo cierto, es que el hombre no sabeamar; porque, si supiera amar de verdad, entonces, el mandato del amor,estaría sobrando.
Si tenemos que amar a Dios, no es porque Élnecesiteque lo amemos, esporque nosotrosnecesitamos amarlo.
Para seguir viviendo, hay que amar al creador más que a nadie; y al prójimo, tanto como a nosotros mismos.
Dice el Señor, que el mandamiento más grande de la ley, es: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
Estees el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a ése: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt.22).
No tienes que amar a ningún hombre, másde lo que te amas a ti mismo.
Él amor al prójimo, está medido por el amor hacia uno mismo.
Los judíos, tenían más de seiscientas prohibiciones, y, el Señor declaró, que todas esas normas,se resumenen dos: amar a Dios sin medida, y al prójimo, tanto como a nosotros mismos
Quien no se sabe amar,no sabrá cómo amar a su prójimo. Porque este, es el espejo de nosotros mismos.
Aunque,para amar, se necesita fuerza. Y ese poder, solo viene de lo alto.
Dios, que es amor, nos dará su gracia para vivir amando; teniendo en cuenta, que Él, no nos pide nada, que antes no nos haya dado.
Fuimos amados, para que demos amor.
Tengamos pues, confianza en el amor Divino, y así, tendremos la fuerza para vivir amando.
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
EVANGELIO
Del santo Evangelio según san Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?” Jesús le respondió: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.
Palabra del Señor.