Comer poco antes de dormir puede afectar la calidad del sueño, favorecer el reflujo y alterar la regulación de la glucosa. Especialistas explican cuál es el mejor momento para realizar la última comida del día.
Después de una jornada de trabajo, muchas personas acostumbran cenar a las 10 u 11 de la noche e incluso minutos antes de acostarse. Aunque parece un hábito inofensivo, diferentes investigaciones científicas advierten que comer demasiado cerca de la hora de dormir puede tener consecuencias para el organismo, particularmente en la digestión, el descanso y el metabolismo.
Un estudio publicado en abril de 2026 en la revista Journal of Physiological Anthropology encontró que cenar una hora antes de acostarse, en comparación con hacerlo cinco horas antes, se relacionó con una menor duración y eficiencia del sueño, así como con más interrupciones nocturnas. Por su parte, otras investigaciones han identificado alteraciones en el control de la glucosa cuando se consume una proporción importante de los alimentos durante las últimas horas del día. Sin embargo, estos resultados no significan que cenar tarde ocasionalmente provoque enfermedades o un aumento automático de peso.
¿Cuál es la mejor hora para cenar? Aunque no existe un horario universal, una recomendación práctica es terminar la última comida entre dos y tres horas antes de acostarse. Por ejemplo, quienes habitualmente se duermen a las 23:00 horas pueden procurar cenar entre las 20:00 y las 21:00 horas. El Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK) recomienda dejar al menos tres horas entre la comida y el momento de acostarse, especialmente para quienes presentan reflujo gastroesofágico, pues permanecer acostado después de comer puede favorecer la acidez y las molestias digestivas.
Los especialistas también aconsejan prestar atención a la cantidad y calidad de los alimentos. Una cena equilibrada puede incluir verduras, proteínas como pollo, huevo o legumbres y porciones adecuadas de cereales integrales. Conviene evitar las comidas excesivamente abundantes o grasosas antes de dormir, particularmente si provocan malestar. La clave no consiste en dejar de cenar ni en establecer una hora límite estricta, sino en mantener horarios relativamente regulares, cubrir las necesidades nutricionales y permitir que transcurra suficiente tiempo entre la última comida y el descanso nocturno.