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‘Clayface’ brilla como película de horror pero fracasa como filme de DC

La película presenta una premisa interesante: plantea los orígenes del clásico antagonista de Batman, Clayface (en español, Cara de Barro) quien puede moldear su apariencia a su antojo

La Ciudad Gótica de Clayface no se parece mucho a Ciudad Gótica. Es un parque temático a lo Scorsese, amarillo, con un brillo excesivo y escasos grafitis, un poco demasiado reluciente y generado por computadora, y desprovisto de sombras donde uno podría creer que acecharían personajes como Bane o Hiedra Venenosa.
 
La película presenta una premisa interesante: plantea los orígenes del clásico antagonista de Batman, Clayface (en español, Cara de Barro) —quien puede moldear su apariencia a su antojo— como una tragedia de terror corporal. Se trata de una adaptación de DC Comics de la famosa tesis de Bessel van der Kolk, explicada en el libro El cuerpo lleva la cuenta, en la que el trauma residual se manifiesta físicamente, todo ello acompañado de una actuación reveladora del actor galés Tom Rhys Harries.
 
Sin embargo, el recién creado Universo DC de James Gunn y Peter Safran se ha perjudicado a sí mismo al hacer que Clayface repita las localizaciones de Liverpool, Reino Unido que se usaron para filmar el Batman de Robert Pattinson (con alguna que otra misión secundaria en Manchester). El maestro de la fotografía Greig Fraser filmó la Ciudad Gótica de Reeves como una catacumba metropolitana humeante y neo-noir. Pero esa Gótica pertenece a un universo diferente, y esta Gótica, la del nuevo Universo DC, fue filmada por el director de fotografía Rob Hardy. Aquí tiene tantos problemas como en la plana y turbia Supergirl de este verano a la hora de establecer un lenguaje visual distintivo. Esto es especialmente importante para Clayface porque, aunque hoy en día todas las películas de cómics afirman no serlo realmente, esta funciona relativamente bien como película de terror independiente.
 
Rhys Harries interpreta a Matt Hagen, a quien el presentador de un programa de entrevistas (inexplicablemente Rob Brydon, otro de los muchos británicos que aparecen en la película) presenta como el ejemplo perfecto de superación personal en Ciudad Gótica: un chico de una familia difícil en un barrio marginal que acaba de recibir su primera nominación al Oscar. Pero lo pierde todo en una sola noche, cuando un jefe de la mafia le desfigura el rostro como castigo por acostarse con su novia y luego arruina su reputación.
 
Matt, desesperado, recurre a la científica experimental Caitlyn Corr (Naomi Ackie) y a su tratamiento con nanocélulas basado en inteligencia artificial: es decir, la explicación científica de la película sobre por qué le inyecta una sustancia misteriosa en la cara que, por un lado, cura sus cicatrices y, por otro, convierte intermitentemente su carne en una especie de plastilina.
 
El director James Watkins tiene fama de ser crudo y siniestro: su ópera prima de 2008, Silencio en el lago, desató a un joven Jack O'Connell contra una pareja recatada de clase media con nada más que alambre de púas y resentimiento latente. Hay una emoción morbosa en la facilidad con la que permite que la piel de Matt se mueva como si fuera una rebanada de jamón intentando mantenerse en equilibrio sobre la nariz de un perro hambriento. Los efectos prácticos de la película han ocupado un lugar destacado. Una escena memorable lo atrapa en el baño de un avión durante una turbulencia, con solo unas tijeras de viaje y la constatación de que sus párpados se han fusionado.
 
El proyecto fue presentado originalmente a DC por Mike Flanagan, guionista de La maldición de Hill House. Si bien su guion fue revisado drásticamente por Hossein Amini, guionista de Drive, aún se conservan leves ecos de su característico estilo delicado (aunque sin la predilección por los monólogos prolongados). Las secuencias de Clayface, con partes del cuerpo fusionadas y derretidas, conllevan una sutil carga metafórica, sugiriendo que no son tanto la marca de una herida directa, sino un recordatorio de una vergüenza más profunda, acumulada y no resuelta.
 
Rhys Harries se encarga de gran parte del trabajo pesado; el actor, en su primer papel protagónico importante, interpreta cada escena con una intensidad tan conmovedora que, aunque se le añadieran más prótesis, su actuación seguiría impactando. Al igual que la Supergirl de Milly Alcock, encaja a la perfección en el papel. Ojalá el Universo DC pudiera ofrecer a estas estrellas un mayor atractivo visual.

 

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