Los altercados en Francia parecen haber propagado una llamarada de agitación juvenil que se ha extendido por toda Europa. Una generación que se ve sin futuro, sin garantías sociales y que no se siente escuchada.
En 2025, la Generación Z ya salió a las calles en diferentes puntos del mundo: Marruecos, Nepal, Bangladés, Madagascar o la India vivieron de primera mano la movilización de los jóvenes que exigían a las instituciones mayores garantías de los servicios públicos. Un año después, una gran ola ha emergido en el Mediterráneo y ha alterado el orden público de las grandes ciudades: edificios quemados, protestantes y policías heridos y un descontento social acrecentado por el coste de vida y la calidad del sistema educativo.
Además de las acampadas que se producen en nuestro país a causa de la crisis de la vivienda, Francia, Italia, Portugal, Bélgica y Albania permanecen como puntos candentes de protestas: pacíficas en muchos casos, violentas en otros. Pero con un mismo protagonista mayoritario: jóvenes.
El alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Turk, ha condenado este martes "todos los actos de violencia" registrados durante las manifestaciones de los últimos días: "Las manifestaciones a gran escala que se están desarrollando en Albania, Bélgica, Francia, Italia y Portugal suscitan preocupación en materia de derechos humanos. Insto a todas las partes implicadas a rebajar las tensiones y prevenir nuevos episodios de violencia", ha declarado en un comunicado.
Francia, el germen de las protestas
Lo que comenzó como una reyerta estudiantil en el instituto parisino de Saint-Exupéry ha acabado convirtiéndose en un movimiento social a nivel nacional que ha provocado miles de detenciones y episodios de violencia en el país. A los estudiantes se han unido agricultores, transportistas, sindicatos, activistas climáticos y los "chalecos amarillos" que ya salieron a las clases en 2018. En total, más de medio millón de personas se manifestaron el sábado.
Los más jóvenes exigen mejoras en la educación pública, con mayores refuerzos en las aulas y una mejoría en la cuantía de las becas y en las instalaciones. A pesar de que el Gobierno prometió incorporar a más de 3.000 profesores suplentes, esto no ha sido suficiente para los manifestantes, que han continuado saliendo a las calles. Sin embargo, estas protestas se han expandido más allá del ámbito educativo: los franceses condenan el encarecimiento del coste de vida, la inflación y la pérdida de poder de compra.
Durante este fin de semana, aunque gran parte de las concentraciones resultaron pacíficas, en algunas grandes ciudades estalló el caos. El Ayuntamiento de Limoges acabó en llamas, al igual que la oficina de turismo de Lyon. Más de 1.500 establecimiento fueron saqueados en todo el Hexágono. El lunes, los estudiantes de Bellas Artes bloquearon el acceso al museo del Louvre, en el centro de la capital.
Ante esta situación, el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, ha ordenado este lunes que se impongan toques de queda parciales en algunas ciudades del país "para la protección de las personas". Además, ha asegurado que el dispositivo para las nuevas manifestaciones será "masivo", a diferencia del dispositivo del 17 de octubre, que había sido "demasiado estático y poco móvil". El ministro del Interior, Laurent Nuñez, ha anunciado este martes que Francia desplegará parte de sus fuerzas militares para reforzar a la policía.
Por su parte, el presidente galo, Emmanuel Macron, ha arremetido contra la izquierda radical: "Extremistas de ultraizquierda, junto con numerosos delincuentes, saquearon tiendas y destruyeron edificios públicos. ¿Cómo podemos llegar hasta ese punto? No hay nada que lo justifique".
El país vive estos incidentes con elecciones presidenciales prevista para la próxima primavera, con la ultraderechista Marine Le Pen y el izquierdista Jean-Luc Mélenchon como favoritos en los sondeos en detrimento de los partidos tradicionales. Con Macron fuera del mapa al no poder optar a la reelección, tanto él como su Ejecutivo afrontan una crisis de popularidad.
Italia: Milan vive una "guerra de guerrillas"
Al sureste del país galo, Italia parece haber sido contagiada por el espíritu revolucionario de sus vecinos. Este fin de semana, las calles de Milán han sido tomadas por más de 2.000 jóvenes. Los medios locales lo han definido como una "guerra de guerrillas". Más de 270 han sido detenidos y 150 policías han resultado heridos. Los agentes liberaban gases lacrimógenos mientras los manifestantes arrojaban losas, contenedores y sillas contra los agentes.
Turín, Bolonia y Roma también acogieron marchas, mayoritariamente pacíficas. Jóvenes y trabajadores se han unido en contra de los altos costes de vida y los bajos salarios y han exigido mejores servicios públicos, impuestos más justos, más recursos para educación y un menor gasto militar. En la capital, la Confederación General Italiana del Trabajo ha anunciado una huelga general para el próximo 20 de noviembre.
En el sur del país, en las regiones de las regiones de Campania, Sicilia, Apulia y Calabria, el sector transportista ha protestado contra el aumento del coste del combustible, lo que ha provocado kilómetros de colas en las autopistas.
Las familias ven cómo poco a poco pierden poder adquisitivo en un país donde la inflación sube un 4,2% y los salarios incrementan solo un 2%. Ante el descontento social, la primera ministra Giorgia Meloni ha convocado una reunión de emergencia en materia de seguridad. La ultraderechista ha asegurado respetar el derecho de los manifestantes aunque ha arremetido contra los "gamberros que han sembrado el caos": "Manifestarse es un derecho. Destruir nuestras ciudades no lo es", ha concluido.
El vicepresidente y ministro de Infraestructuras, Matteo Salvini, ha anunciado en sus redes sociales que habrá "500 militares más para defender" Milán. Más tarde, Meloni confirmó esta medida. Salvini también ha anunciado que, en virtud de las nuevas medidas que se van a aprobar, las autoridades podrán retener en comisarías durante 12 horas a menores, aunque no hayan cometido ningún delito, siempre que existan indicios de que representan un peligro.
Portugal: el país de la vivienda imposible
A 600 kilómetros de la Puerta del Sol, la plaza del Rossio de Lisboa ha creado su propia acampada por la vivienda, en una ciudad donde los vecinos destinan más de un 100% del salario a pagar el alquiler. En el centro de Oporto también se han montado decenas de tiendas de campaña como protesta ante los altos precios. Este martes, las autoridades portuguesas han realizado un operativo de madrugada para retirar los campamentos, que se ha saldado con 55 detenidos. Pese al desalojo, los acampados han anunciado que seguirán protestando y volverán este martes por la tarde a las mismas plazas para reunirse en asamblea y decidir si vuelven a acampar.
Los precios de la vivienda en el país han subido un 124% entre 2015 y 2024, aproximadamente el doble de rápido que la media de la UE. Y esto se nota más en un área metropolitana, la de Lisboa, donde habita un cuarto de la población nacional.
Sin embargo, el ministro portugués de Asuntos Parlamentarios, Carlos Abreu Amorim, declaró el viernes que "el Gobierno no cederá ante los gritos de la calle". La reclamación de la mayoría de los manifestantes es que el Ejecutivo del conservador Luis Montenegro lidera "ajeno" al problema de la vivienda.
Bélgica: Bruselas y Lieja también se movilizan
Los manifestantes belgas de Bruselas y Lieja también han protagonizado enfrentamientos con los agentes policiales durante este fin de semana. En la capital comunitaria, los agentes dispararon gases lacrimógenos contra jóvenes que lanzaban botellas y otros proyectiles en el distrito de la Bolsa. La Policía informó que se realizaron unas diez detenciones y que en todo el país se convocaron unas 90 concentraciones.
Desde hace dos semanas, los estudiantes de secundaria han protagonizado protestas en el país contra las tasas altas de la matrícula universitaria y por el derecho a la vivienda. Algunos incluso han abanderado la causa de Maricarmen, la madrileña de 87 años desahuciada en el barrio de Retiro. Con lemas como "La Generación Z somos los últimos", los manifestantes han recriminado a la Unión Europea su "miopía" ante esta crisis en el mercado inmobiliario, y exigen mayor implicación. Sin embargo, la violencia ha incrementado poco a poco. Cinco policías resultaron heridos y el Partido Socialista francófono en Bruselas condenó que se había saqueado su sede.
El ministro del Interior belga, Bernard Quintin, dijo el sábado que la situación "ya no era simplemente una protesta, sino violencia".
Albania: de los flamencos a los estudiantes
También ha habido manifestaciones violentas en Albania, miembros de la OTAN y candidata a la UE. El primer ministro, Edi Rama, ha culpado a Irán y a Rusia de avivar protestas que han provocado decenas de heridos. En ellas, jóvenes estudiantes exigían su destitución a causa de las condiciones universitarias, las altas tasas y el material escolar.
Lo ocurrido estas semanas son el reflejo de varios meses de manifestaciones, la llamada "revolución de los flamencos", pero a una escala diferente.
Desde mayo, miles de albaneses se mostraron en contra del proyecto de balneario respaldado por el yerno de Donald Trump, Jared Kushner. Un centro turístico de lujo en la isla de Sazan, un territorio que utilizan los flamencos para reproducirse. Según los protestantes, este plan pondría en peligro a la especie.
Pero las protestas se han vuelto violentas en las últimas dos semanas. Los jóvenes se han provisto de adoquines y la policía ha respondido con gases lacrimógenos y cañones de agua. El Tribunal de Apelación de Tirana fue incendiado el lunes, marcando una escalada de los enfrentamientos.
El Ministerio de Sanidad confirmó que 303 personas han resultado heridas en los seis primeros días de altercados, entre ellas 190 agentes. La policía detuvo a más de 240 manifestantes.
El primer ministro ha descartado su dimisión, ha mandado "a terapia" a los protestantes y ha anunciado una gratificación de 2.500 euros a los agentes desplegados y un aumento salarial.