Tal vez aún no estamos en un mundo que ha trascendido el miedo a no tener, la costumbre heredada de la prisa por sobrevivir, el estancamiento energético, el congelamiento por los recuerdos colectivos y familiares de sufrimiento, de violencia, de dolor. Tal vez aún no hemos podido atender al cuerpo emocional, porque estamos apenas intentando sobrellevar traumas que no han sido mirados o simplemente no tuvimos las herramientas sociales para atenderlos y sanarlos. Pero estamos en camino.
Cuando logramos trascender el pensamiento de que solamente somos materia y logramos darle la suma importancia que tiene a lo esencial,a lo invisible,a lo que verdaderamente nos mueve y nos da existencia, nos encontramos con el interesante, complejo, hermoso y profundo mundo emocional.
¿Sabes que es una emoción la que se enquista en el cuerpo físico, en la información del campo mórfico familiar o incluso en el colectivo, la que sigue sosteniendo una suma de eventos o circunstancias repetitivos que nos pueden mantener en un bucle de estancamiento?
Tal vez, estamos solos desde pequeños, porque nos enseñan ( en el mejor de los casos) como comer, como vestirnos, como ser higiénicos(as), como relacionarnos con otros y sobrevivir, pero no nos acompañan a sentir la tristeza en los duelos, unos pequeñitos y del diario vivir o los enormes que vienen con la muerte de los(as) amados(as).
No fue posible ser informados(as) sobre el derecho intrínseco como humanos(as) de expresar cada una de las emociones, como el enojo, que es ese fuego que nos protege y nos ayuda a tomar nuestro lugar en el mundo. No nos dijeron en muchos casos, como manejar ese fuego y entonces, esa acumulación de años se pudo haber convertido en una enfermedad física autoinmune por ejemplo.
Es posible que mucha gente sea huérfana en su mundo emocional y ha tenido que ir descubriendo por sí mismo(a) como funciona. Tal vez, también, los miedos se fueron acumulando, uno a uno en la psiquis, porque nadie habló con nosotros acompañando intelectual, energética y emocionalmente a sentir esos temores, a darles palabra, a analizar y contenter para que pudiéramos hacerlo más tarde por nosotros(as) mismos(as) de manera regular y entonces no padecer ansiedad crónica u obsesividad y compulsividad. ¿Y en las alegrías? ¿Acaso esos pequeños logros que para nosotros de pequeños(as) eran grandes victorias fueron realmente festejados(as)?
Tal vez no y ahora, nosotros, de adultos(as) no nos felicitamos cuando hemos realizado hazañas inmensas en nuestra historia de resiliencia. ¿Es esto un juicio o crítica hacia nuestros cuidadores o progenitores? No. En absoluto. Es un reconocimiento profundo de que a ellos(as) tampoco les acompañaron.
¿Y cómo se puede dar lo que no se recibió? Bueno, en muchas ocasiones, con la firme convicción de hacer las cosas distintas, con una investigación, con terapia, con la intención de hacer un movimiento evolutivo en el sistema familiar. Pero también hay que considerar que esta información está a la mano apenas hace no mucho tiempo. Y ese es el punto. Hoy, podemos salir de esa orfandad emocional ya mismo.
Acompañarnos a nosotros(as) mismos(as) a nutrir, escuchar, acompañar y bendecir a nuestro cuerpo emocional. ¿Qué haces cuando estás a punto de sentir una emoción profunda? ¿La reprimes, la tapas, la ahogas con tabaco, alcohol, vida social, internet, juego, etc? ¿O bien te sientas a sentir con todo lo que eso conlleva? Si no fuimos acompañados a sentir, es muy posible que sigamos repitiendo la evasión y el autoabandono en nuestro universo emocional.
Posiblemente la salida para muchos sean los atracones de comida, el sexo obsesivo o cualquier otra compulsión que muy lejos de crear un alivio verdadero, lo que hace es sumir a la persona en la culpa, la verguenza y le hace crecer una insatisfacción cada vez más grande y menos facil de sobrellevar.
¿Recuerdas si alguna vez cuando naturalmente intentaste compartir lo que estabas sintiendo, como miedo, tristeza o rabia y en lugar de ser validado(a) fuiste regañado(a) o avergonzado(a)? ¿Acaso la respuesta de los adultos fue fastidio, indiferencia o vergüenza por querer “quedar bien” con otros adultos? Y tal vez ese(a) niño(a) aún está dentro de tí asustado(a) porque cuando la emoción llega, no sabe que hacer, vive un desamparo, una desinformación y por ende, una desconexión. Y esto es grave, porque las emociones son las aguas internas del Alma.
Si somos río y nos estancamos, vaya destino nos espera. No se vislumbra un bosque fragante en un estanque enmohecido. ¿Y cómo hacer para fluir, para limpiar, para volver al cauce? La reparentalización es una clave magnifica. ¿Cómo hubieses necesitado que te acompañasen a sentir tus emociones y sentimientos? ¿Cómo te hubiera gustado expresarlos y compartirlos en un lugar seguro, en un apego sano? “Mi corazón, estás sintiendo mucha rabia porque percibes que irrumpen en tu territorio, vamos a darle una salida saludable, cuéntame lo que sientes, escribelo y cuando el fuego baje y puedas entrar en la sensatez, vamos a darle una solución para poner un límite.
” ¿Te puedes hablar así? ¿Te puedes sentar con un té o un chocolate a conectar con tu cuerpo y a permitirte sentir la emoción hasta que cese? Ampararse a uno(a) mismo(a) con la luz del entendimiento y el amor Divino es una forma de darle su lugar a una parte fundamental de la existencia en esta tierra. Te invito a que honremos y bendigamos a cada una de nuestras emociones con amor, respeto y presencia y de esa forma habitemos este mundo desde un lugar más conciente y adulto.
Gracias por caminar juntos(as).
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.