Los intérpretes haitianos Néhémie Bastien y Faustin Pierre encarnan a Esther y Junior, mientras que las niñas Kimaëlle Holly Preville y Ruth Aicha Pierre Nelson dan vida a sus hijas
Integrantes de los ejidos indicaron a la producción del filme El Jardín Que Soñamos cómo entrar al bosque, qué lugares evitar y dónde registrar el aprovechamiento forestal.
El drama, que sigue a una familia haitiana que viaja hacia el norte del continente y termina envuelta en la tala ilegal en el País, compite en la Sección de Largometraje Mexicano del Festival Internacional de Cine de Morelia, que arranca hoy.
"Filmamos en una zona a más de 3 mil 300 metros sobre el nivel del mar, un bosque de oyamel muy difícil de acceder, con puros caminos de terracería, destruidos por la lluvia.
"Una situación muy difícil para filmar, pero era súper importante retratar cómo son esos bosques de la alta montaña mexicana, mostrar paisajes que la gente comúnmente no ve y lugares donde el crimen organizado sí está presente", comentó el director Joaquín del Paso (El Hoyo en la Cerca).
Mientras escribía el largometraje de ficción, el director recorrió a pie, en bicicleta y una vez a caballo, los bosques del Estado de México y Michoacán y, según explicó, encontró zonas taladas por grupos criminales y áreas de aprovechamiento forestal autorizado, además de acercarse a habitantes y ejidos de la región.
"No tuvimos ningún problema en la producción, pero sí nos dimos cuenta de que en la montaña las leyes son otras, las reglas son otras, estos grupos pasan por ahí, cortan árboles y extraen madera de forma ilegal sin que nadie los detenga.
"Las comunidades y los ejidos tienen muchísimos conflictos con ellos, pero al mismo tiempo tienen que negociar y coexistir con ellos porque es mucho más complejo que simplemente organizarse en un grupo y sacarlos", señaló.
Los intérpretes haitianos Néhémie Bastien y Faustin Pierre encarnan a Esther y Junior, mientras que las niñas Kimaëlle Holly Preville y Ruth Aicha Pierre Nelson dan vida a sus hijas.
El viaje de la familia ocurre en los mismos bosques a los que llega cada año la mariposa monarca, cuya migración acompaña el relato y cuyo hábitat se encuentra amenazado.