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El desprestigio dura para toda la vida

Libertad de opinión

¿Cuántos nefastos diputados ha conocido usted que pensaron que su puesto sería eterno? Aquella frase de don J. Carmen García, primer legislador panista en el Congreso del Estado, jamás pasará de moda: "El gusto (o el orgullo) nos dura tres años y la vergüenza, toda la vida".
 
¡Vaya colección de personajes que hemos tenido! Cínicos, corruptos, intolerantes, vende votos, reculos, tibios, pusilánimes y lambiscones. Si usted conoce algún otro calificativo, puede anexarlo a esta breve lista, que bien podría convertirse en una basta enciclopedia.
 
Parece que, para ser diputado, uno de los principales requisitos es ser un verdadero sinvergüenza. Aclaro, no estoy generalizando, pero una buena mayoría se empeña en demostrarnos que así es.
 
Ya sé lo que estará usted cuestionando, amable lector: ¿por qué los partidos políticos no escogen a los mejores perfiles para llegar al Congreso potosino? La respuesta es simple: las cúpulas quieren gente que puedan controlar, que se preste a sus enjuagues y sucios acuerdos, que no cuestione y que levante la manita cada vez que le indiquen cómo debe votar. Para pensar ya están los jefes; ellos solamente cobran y obedecen.
 
Y aquí voy de nuevo: existen y han existido honrosas excepciones. Así como los pésimos legisladores perduran en la memoria por sus vergonzosas actuaciones, quienes tuvieron un buen desempeño también serán recordados positivamente. Lamentablemente, se cuentan con los dedos de una mano y todavía nos sobran dedos.
 
Pero hay verdades que duelen. ¿Cuánta de esta podredumbre legislativa no es también culpa de nosotros como ciudadanos? A veces transcurren los tres años y ni siquiera sabemos quién es el diputado de nuestro distrito. Nunca exigimos, pocas veces reclamamos y, lo peor, todavía hay quienes venden su voto a cambio de una miserable despensa. Después nos quejamos de los representantes que tenemos.
 
GALLARDO EN LA BOLETA
En este mismo espacio ya había mencionado, hace tiempo, que el mandatario estatal de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo Cardona, buscaría algún puesto de elección popular que le permitiera andar en el campo de batalla electoral de 2027.
 
De esta forma, podría ayudar a quien resulte candidato o candidata de su partido, el Verde, mantener prácticamente el control de los territorios donde opera su maquinaria electoral y, de paso, hacerse del tan codiciado fuero.
 
OTRO RAMALAZO
Por si usted no lo sabía, la mayoría de los diputados federales afines a la llamada 4T aprobaron un endeudamiento que, según las estimaciones, llevaría la deuda pública a 21.6 billones de pesos en 2027.
 
Como dato para refrescar la memoria, en 2018, cuando llegó López Obrador al gobierno, la deuda era de 10.5 billones de pesos.
 
Las cifras hablan por sí solas. Lo curioso es que quienes prometieron acabar con los excesos del pasado parecen haberle encontrado bastante gusto a seguir aumentando la cuenta. Total, la factura no la pagan ellos, sino el pueblo, ese al que tanto mencionan en sus desgastados discursos.
 
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