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De un chocolate derretido al microondas: el invento que revolucionó la cocina

Un 8 de octubre de 1945 se solicitó la primera patente de una tecnología que transformaría la preparación de alimentos. El primer horno comercial medía casi 1.80 metros de altura y pesaba alrededor de 340 kilogramos.

Lo que comenzó como un descubrimiento inesperado terminó convirtiéndose en uno de los electrodomésticos más utilizados del mundo. El 8 de octubre de 1945, la empresa estadounidense Raytheon presentó una solicitud de patente para utilizar ondas electromagnéticas en el calentamiento de alimentos, sentando las bases del horno de microondas moderno.

La historia comenzó cuando el ingeniero Percy Spencer trabajaba con un magnetrón, dispositivo utilizado en los sistemas de radar durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras realizaba pruebas, observó que una barra de dulce que llevaba en el bolsillo se había derretido. Intrigado, experimentó con granos de maíz y descubrió que las microondas podían hacerlos reventar, lo que abrió la posibilidad de utilizar esta tecnología para cocinar.

En 1947, Raytheon comenzó a comercializar el Radarange, considerado el primer horno de microondas comercial. Sin embargo, estaba muy lejos de parecerse a los modelos actuales: alcanzaba casi 1.80 metros de altura, pesaba aproximadamente 340 kilogramos y costaba miles de dólares. Debido a sus dimensiones y elevado precio, inicialmente se destinó a instalaciones comerciales e industriales, en lugar de cocinas domésticas.

Con el paso de los años, los avances tecnológicos permitieron fabricar aparatos más pequeños, eficientes y accesibles. En 1967, la empresa Amana presentó un modelo compacto que facilitó su incorporación a los hogares. Así, una observación accidental realizada durante investigaciones relacionadas con el radar terminó cambiando para siempre la manera de calentar y preparar los alimentos.

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