El 7 de octubre de 1913 marcó un momento decisivo para la industria automotriz: Ford llevó el chasis del Modelo T a una línea de ensamble móvil, una innovación que transformaría la producción en masa.
Un día como hoy, pero de 1913, la planta de Ford en Highland Park, Michigan, dio uno de los pasos más importantes de la historia industrial. El chasis del Modelo T comenzó a desplazarse frente a los trabajadores, quienes realizaban tareas específicas mientras el vehículo avanzaba por la línea de producción.
El nuevo sistema permitió acelerar de manera extraordinaria la fabricación. Con las mejoras realizadas durante los meses siguientes, el tiempo necesario para producir un Modelo T pasó de aproximadamente 12 horas y media a solo 93 minutos a principios de 1914. La mayor eficiencia también permitió reducir costos y hacer del automóvil un producto accesible para un número mucho mayor de personas.
De aquella época surgió además una de las historias más famosas de Ford: que los automóviles tenían que ser negros porque era la única pintura que secaba lo suficientemente rápido para seguir el ritmo de la línea. Sin embargo, la explicación es más amplia. Ford utilizó exclusivamente el negro entre 1914 y 1925 porque era económico, resistente y, sobre todo, porque trabajar con un solo color simplificaba el proceso de producción. Antes y después de ese periodo, el Modelo T también estuvo disponible en otros colores.
La línea de ensamble móvil no fue simplemente una mejora en la fabricación de automóviles: terminó convirtiéndose en un modelo para numerosas industrias. Más de un siglo después, muchos de los principios de producción establecidos durante aquella revolución industrial continúan presentes en las fábricas modernas.