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HOMILÍA: ¿Qué podemos esperar de alguien?

Las personas, nunca van a responder, de acuerdo a lo que esperamos de ellas.

Tal vez, a cambio de lo que esperamos, solo   vamos a recibir penas.

Por tanto, no hay que esperar tanto del hombre, ni crear falsas expectativas.

Porque en el hombre, no vamos a encontrar todo lo que esperamos.

Y, si es mucho lo que se espera, podremos acabar defraudados.

Dice el Profeta: “Mi amo tenía una viña en una ladera fértil…Él esperaba que su viña diera buenas uvas, pero la viña dio uvas agrias”. (Is.5).

No hay que esperar tanto, de parte de los que amamos; tal vez, nuestro exceso de amor, no despertará en ellos, el anhelo de corresponder, de la misma manera.

Es fácil olvidar, que todo lo que tenemos, se lo debemos a Dios; ya qué, todo es prestado.

Pero, tenemos la tendencia de apegarnos, a lo que tendrá que perderse; comenzando por la vida, que es un préstamo, y tiene su final.

El Señor nos lo hace saber, usando una   parábola: “Llegado el tiempo de la vendimia, envío a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon”. ( Mt.21).

Necesitamos luchar, para  vencer la fuerza de la costumbre. Porque ésta, nos empuja a apegarnos, a lo que no nos pertenece.

Dios, nos confió la vida, para que demos fruto, pero, nosotros respondemos de manera contraria, a como el Señor lo esperaba.

Por tanto, no hay que acostumbrarse, ni apegarse, a lo que viene de Dios, y que en algún momento tendrá que devolverse, con la parte de sus frutos.

Venimos a este mundo para dar fruto, y luego regresar a Dios, con la obra de nuestras manos.

Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.

 

EVANGELIO
Del santo Evangelio según san Mateo 21, 33-43
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.
 
Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.
 
Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.
Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”. Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?
Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”. Palabra del Señor.
 
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