Las personas, nunca van a responder, de acuerdo a lo que esperamos de ellas.
Tal vez, a cambio de lo que esperamos, solo vamos a recibir penas.
Por tanto, no hay que esperar tanto del hombre, ni crear falsas expectativas.
Porque en el hombre, no vamos a encontrar todo lo que esperamos.
Y, si es mucho lo que se espera, podremos acabar defraudados.
Dice el Profeta: “Mi amo tenía una viña en una ladera fértil…Él esperaba que su viña diera buenas uvas, pero la viña dio uvas agrias”. (Is.5).
No hay que esperar tanto, de parte de los que amamos; tal vez, nuestro exceso de amor, no despertará en ellos, el anhelo de corresponder, de la misma manera.
Es fácil olvidar, que todo lo que tenemos, se lo debemos a Dios; ya qué, todo es prestado.
Pero, tenemos la tendencia de apegarnos, a lo que tendrá que perderse; comenzando por la vida, que es un préstamo, y tiene su final.
El Señor nos lo hace saber, usando una parábola: “Llegado el tiempo de la vendimia, envío a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon”. ( Mt.21).
Necesitamos luchar, para vencer la fuerza de la costumbre. Porque ésta, nos empuja a apegarnos, a lo que no nos pertenece.
Dios, nos confió la vida, para que demos fruto, pero, nosotros respondemos de manera contraria, a como el Señor lo esperaba.
Por tanto, no hay que acostumbrarse, ni apegarse, a lo que viene de Dios, y que en algún momento tendrá que devolverse, con la parte de sus frutos.
Venimos a este mundo para dar fruto, y luego regresar a Dios, con la obra de nuestras manos.
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.