Rioverde, SLP.- Un fuerte estruendo que cimbró las viviendas de la zona despertó durante la madrugada a los vecinos de la Plaza de San Antonio, luego de que las intensas lluvias y ráfagas de viento provocaran el desplome de un emblemático laurel de la india de 107 años de antigüedad, el cual permaneció en pie desde 1919 como testigo vivo de la historia rioverdense.
La caída del coloso vegetal generó una profunda consternación entre los habitantes del sector y comerciantes locales, al tratarse de un elemento emblemático de la “Plaza de los Enamorados”. El árbol no solo albergaba fauna local, sino que brindaba sombra a transeúntes, usuarios del transporte público y a vendedores de fruta, jugos y alimentos que tradicionalmente operan sobre la calle Reyes. Asimismo, el sitio albergaba la estación de la primera caída de Jesús Nazareno durante la representación anual del Viacrucis Viviente.
De acuerdo con registros de la cronología local, el predio situado en la esquina de la calle Reyes y 5 de Mayo fue donado a finales del siglo XIX por la señorita Margarita Verástegui a la Parroquia de Santa Catarina de Alejandría. Al encontrarse el templo principal a escasas dos cuadras, el espacio fue destinado para el esparcimiento público de los barrios.
A principios del siglo XX, los vecinos competían de manera organizada por mantener los mejores jardines de la cabecera municipal. Fue en 1919 cuando los jardineros Tokuichi Ogata Kato y Jacinto Rivera sembraron los ejemplares de laurel de la india en el perímetro del jardín.
"Era el árbol más bonito de la plaza; crecimos bajo su sombra y es una pérdida enorme para la memoria de nuestro barrio", expresaron con tristeza vecinos de San Antonio.
Con la pérdida de este espécimen, de los tres laureles sembrados hace más de un siglo en dicho espacio, aún quedan en pie dos árboles centenarios sobre la Plaza de San Antonio.
Habitantes e historiadores locales hicieron un llamado a las autoridades municipales para que se realice un diagnóstico fitosanitario a los dos ejemplares restantes con el fin de garantizar su conservación, además de evaluar la reforestación del área afectada con una especie idónea para preservar la identidad del jardín.