Permitir que los niños enfrenten pequeñas dificultades, aprendan de sus errores y expresen sus emociones puede ayudarles a desarrollar herramientas para afrontar los retos de la vida.
Criar a un hijo resiliente no significa enseñarle a ignorar lo que siente ni evitarle cualquier problema. Para la psiquiatra infantil y antropóloga Suzan J. Song, formada en Harvard y Stanford, la resiliencia tiene más que ver con aprender a enfrentar las dificultades, mantener vínculos con otras personas y continuar actuando aun cuando las cosas no salen como se esperaba.
La especialista compartió cinco hábitos que pueden ayudar a madres y padres a fortalecer esta capacidad desde la infancia.
DEJARLOS INTENTAR, EQUIVOCARSE Y VOLVER A INTENTAR
Resolver inmediatamente cada problema puede impedir que los niños descubran de qué son capaces. Permitirles practicar una actividad, equivocarse y mejorar poco a poco les ayuda a desarrollar confianza en sus propias habilidades.
Una mala calificación, perder una competencia o no conseguir algo que deseaban también puede convertirse en una oportunidad de aprendizaje. Después de que pase la frustración inicial, los padres pueden preguntar qué fue lo más difícil o qué podrían intentar de manera diferente la próxima vez.
ENSEÑARLES A BUSCAR SOLUCIONES
En lugar de concentrarse únicamente en qué profesión tendrán cuando sean adultos, Song recomienda prestar atención a los problemas y temas que despiertan su curiosidad.
Si un niño se preocupa por los animales, el medio ambiente o algún problema de su comunidad, por ejemplo, los adultos pueden ayudarlo a investigar y pensar qué pequeña acción podría realizar. Así aprende que no siempre puede controlar lo que ocurre, pero sí puede decidir cómo responder.
ENSEÑARLES A CUIDAR Y REPARAR SUS RELACIONES
Saber pedir ayuda, escuchar, resolver conflictos, establecer límites y reconocer los propios errores también forma parte de la resiliencia.
Los padres pueden enseñar estas habilidades con el ejemplo. Si pierden la paciencia o reaccionan de manera inadecuada, reconocerlo y ofrecer una disculpa muestra a los niños que un conflicto no necesariamente termina una relación y que es posible repararla.
DARLES RESPONSABILIDADES QUE BENEFICIEN A OTROS
Ayudar en casa, cuidar una mascota, apoyar a un hermano menor o colaborar en alguna actividad comunitaria puede fortalecer la sensación de que sus acciones tienen valor.
Estas responsabilidades también enseñan que, incluso durante momentos difíciles, una persona puede contribuir, ayudar a los demás y formar parte de algo más grande que sus propios problemas.
NO INTENTAR BORRAR DE INMEDIATO LAS EMOCIONES DIFÍCILES
Cuando un hijo está triste o decepcionado, la reacción de muchos adultos es intentar que deje de sentirse mal cuanto antes. Sin embargo, parte de desarrollar resiliencia consiste en descubrir que es posible atravesar emociones como tristeza, miedo, vergüenza o frustración y después continuar adelante.
Escuchar, reconocer lo que sienten y acompañarlos sin minimizar el problema puede ser más útil que intentar solucionarlo todo. Con el tiempo, estas experiencias les permiten comprobar que una emoción difícil es temporal y que pueden recuperarse después de un momento complicado.
La resiliencia no se desarrolla de un día para otro ni significa que un niño nunca sufrirá. Se construye gradualmente mediante relaciones seguras, oportunidades para solucionar problemas y experiencias que le permiten comprobar que puede afrontar las dificultades con el acompañamiento de adultos responsables.