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América Latina forma comunidad en torno a la ciberseguridad

Se llama Security Grid, ocurre en la plataforma Meetup, y es una comunidad latinoamericana donde sus miembros aprenden ciberseguridad fuera del aula

El tercer miércoles de cada mes, sin importar si cae en diciembre o vacaciones de verano, un grupo de personas dispersas entre Medellín, Bogotá, Lima, Buenos Aires, Santiago y Ciudad de México se conecta a una videollamada. Nadie paga por entrar.
 
 Se llama Security Grid, ocurre en la plataforma Meetup, y es una comunidad latinoamericana donde sus miembros aprenden ciberseguridad fuera del aula. Mediante las reuniones virtuales y competencias abiertas de ciberseguridad como Capture the flag (CTF) asemejan al filme Deads Poets Society por el ánimo de pertenecer y aprender.
 
 Es loable el impulso de la misma comunidad por acompañarse en una región con una contracción del 0.9 por ciento en el sector durante 2024, dato más reciente que la certificadora ISC2 reportó en el "Estudio sobre el personal especializado en ciberseguridad".
 
 Security Grid nació del cierre de un grupo en Meetup en 2019. Alguien en Fluid Attacks, empresa colombiana de ciberseguridad ofensiva, supo que el administrador del colectivo lo abandonaba y la compañía optó por adoptarla, renombrarla y replicar el modelo en seis ciudades, contó María Clara Tamayo, una de sus organizadores.
 
 "Es voluntario porque no hay un interés monetario, pero sí hay una compañía atrás", indicó.
 
 Tamayo aseguró que la estructura de la empresa garantiza constancia, un presupuesto, calendario fijo y alguien siempre atento. Las charlas no promueven productos, salen del área de investigación, de las conferencias a las que la empresa envía a su equipo o abordan aspectos técnicos.
 
 Es esclarecedor, ya que el informe de ISC2 puntualizó que el presupuesto es la causa número uno de la falta de personal y de habilidades en sus equipos.
 
 Tamayo lo dimensiona con los costos. La entrada al Black Hat, uno de los eventos de seguridad informática más importante, ronda los dos mil 700 y tres mil 400 dólares; Def Con, otro evento relevante, cuesta unos 800 dólares, esto sin contar vuelo ni hospedaje en ciudades como Las Vegas, donde suelen llevarse a cabo.
 
 Al traducir del idioma por default, el inglés, la comunidad democratiza el conocimiento de forma gratuita al publicar las charlas en YouTube, y distribuye las oportunidades por América Latina.
 
 "Nosotros somos quienes cubrimos ese costo (del CTF), pero nos interesa al fin y al cabo que haya un impacto de: 'mira, quiero que tú aprendas y que veas cómo funciona el mundo de la ciberseguridad'", precisó Tamayo.
 
 Security Grid cuenta con respaldo de Fluid Attacks, pero no todas las comunidades operan así. Women in Security (WoSEC) México recurre a donaciones, sponsors y trabajo voluntario para sostenerse.
 
 Nació en Las Vegas en 2016, suma más de 30 capítulos y el de México arrancó en agosto de 2024. No cobra membresía ni tiene empresa detrás. Fátima Rodríguez, cofundadora del capítulo mexicano, explica que el acceso gratuito es el principio medular y quien tenga interés en algún tema debería encontrar quien se la explique.
 
 Rodríguez lleva unos diez años en el área técnica y cuando inició no tenía referentes femeninas.
 
 "No tenía mentoría, no sabía qué era la mentoría", comentó de sus primeros años.
 
 Desconocía la existencia de conferencias del sector, atravesado por la brecha de género. De las casi 16 mil personas encuestadas por ISC2, solo 14.4 por ciento eran mujeres.
 
 Ese principio se traduce en cursos por sesiones con mentoras que donan su tiempo y en un directorio para que las mujeres del sector se ubiquen entre sí.
 
 Viridiana García, encargada de desarrollo de proyectos en una empresa, explicó que la ciberseguridad es un mundo lleno de hombres, con una o dos mujeres presentes en las juntas. Conoció a Fátima en un evento al que fue sola y se adentró en una realidad inexplorada: el acompañamiento en la profesión.
 
 Ese seguimiento ocurre a diario en el grupo de WhatsApp, el canal más activo, donde circulan convocatorias, cursos, ponencias y vacantes.
 
 Hannia Morales, analista en un centro de operaciones, ingresó a finales de 2024 tras dejar el Derecho. Calcula que el grupo pasó de unas 30 personas a más de 200 en 2026. El programa de conferencistas le sirvió para trabajar su perfil y sus habilidades de comunicación, y la llevó a dar charlas en línea para comunidades de Nicaragua y Argentina.
 
 Morales entró al voluntariado apenas obtuvo sus primeras certificaciones en ciberseguridad y este año representó a la comunidad en eventos en Monterrey y Ciudad de México.
 
 El grupo es mixto y abierto, aunque su objetivo declarado es sumar mujeres. Predominan las edades de 25 a 35 años, con presencia de estudiantes y de quienes buscan su primera oportunidad. Todo se opera con trabajo voluntario y se coordina por WhatsApp, Discord, Instagram y LinkedIn.
 
 "Ninguna mujer se queda atrás. No se necesitan algunos referentes: hay espacio para todas", sostuvo Rodríguez.
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