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IMSS-Bienestar un sistema en terapia intensiva

Opinión

En el discurso oficial nos han prometido, durante años, un sistema de salud de primer nivel. Sin embargo, cuando uno camina por los pasillos de las clínicas y hospitales, la narrativa choca frontalmente con la realidad de los pacientes.
 
En este 2026, la consolidación del modelo IMSS-Bienestar sigue siendo una transición compleja, y los potosinos vivimos todos los días las fricciones de este ajuste operativo.
 
En la historia de la evolución del sistema de Salud en México,  vemos que lejos de evolucionar y buscar una mejora en la atención y servicio de calidad, que de por sí está saturado por los millones de mexicanos, a la luz salen además de las quejas de falta de camas y medicamentos, errores que van cobrando vidas, y en este caso vidas frágiles, como la de cinco recién nacidos en Durango en el Hospital General de Zona No. 1 del IMSS. 
 
Las autoridades confirmaron la presencia de la bacteria Klebsiella pneumoniae en cuatro de los cinco menores. Aunque la narrativa oficial del IMSS intenta matizar señalando que aún se investiga si la bacteria fue la causa directa de las muertes, para los padres que han interpuesto denuncias ante la Fiscalía General de la República (FGR), el diagnóstico es claro, hay una presunta negligencia fatal derivada de una higiene deficiente en un área que exige esterilidad absoluta.
 
Hoy lo que la ciuddanía estamos atestiguando no son simples fallas administrativas de la transición hacia el IMSS-Bienestar; son tragedias irreparables que evidencian el colapso de los protocolos más básicos de atención.
 
Simultáneamente, la crisis de confianza hospitalaria se agravó en el norte del país. En el Hospital de Gineco Pediatría No. 31 de Mexicali, Baja California, en donde el Instituto tuvo que admitir públicamente un error: dos recién nacidas fueron intercambiadas y entregadas a las familias equivocadas. 
 
El personal médico se  justificó argumentando que "se cayó una pulsera de identificación", provocando que ambas familias convivieran un mes completo con las bebés incorrectas hasta que pruebas de ADN revelaron el intercambio.
 
Y entonces eso nos pone a pensar,  la promesa de un sistema de salud universal choca de frente con la negligencia, la falta de higiene y el quiebre de la seguridad hospitalaria en el momento más vulnerable: el nacimiento.
 
Y no estamos hablando de hechos aislados, estos casos son solo algunos de los que han salido a la luz y que reflejan  síntomas de un padecimiento crónico. 
 
Porque cuando un hospital de especialidades es incapaz de garantizar la trazabilidad de un recién nacido mediante una pulsera de plástico o de frenar un brote bacteriano en una unidad de cuidados intensivos, se desmorona cualquier discurso oficial sobre la vanguardia médica y universalidad.
 
Para San Luis Potosí  como en el resto de las entidades, estas crisis encienden alertas rojas intolerables. Recientemente en la capital pacientes denunciaron el hallazgo de garrapatas en las sábanas y ropa de cama en el área de urgencias de un hospital del IMSS.
 
Si los protocolos de bioseguridad e identificación fallan de esta forma en hospitales urbanos y de alta especialidad, imaginemos el panorama para las clínicas periféricas de la Huasteca o el Altiplano potosino en donde ya escasean insumos básicos y especialistas, lo que dificulta la atención médica y que también ha derivado en negligencias que están documentadas por denuncias, situación que se vuelve aún más sombría. 
 
Y para ejemplos muchos, como el caso de la amputación de una pierna equivocada en un hospital de Ciudad Valles o la falta de atención y negligencia médica que derivó en la pérdida de un bebé en la huasteca potosina. O lo más común, errores al agendar citas que derivan en una espera eterna en atención. Cuando en lugar de anotar una cita con cardiología a una paciente se le anotó una cirugía, y por ese error perdió la cita y ahora la paciente tendrá que esperar hasta las agendas nuevas porque, es cierre de año, y las citas ya están saturadas, en lugar del propio IMSS reconocer y remediar su fatídico error.
 
Y es que es muy fácil que las autoridades de salud desde un escritorio prometan nuevos esquemas administrativos, pero la salud pública no se sostiene sobre decretos políticos.
 
Porque la verdadera atención en la salud pública no es un juego y debería construirse garantizando sábanas limpias, incubadoras estériles y procesos inquebrantables que protejan las vidas de quienes recién comienzan y de toda aquella persona que busca y que tiene derecho a una atención de salud digna, porque las  vidas humanas no deberían estar en manos de la mala práctica, de la corrupción, ni de la indiferencia de las autoridades sanitarias que universalizan un sistema de salud sin realmente conocer sus propias necesidades.
 
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