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Cinco años después

Detrás del Telón

Enrique Galindo llega a su informe con un problema que ningún discurso oficial puede refutar: después de cinco años consecutivos gobernando la capital potosina, la ciudad real compite todos los días contra la ciudad que describe su propaganda; el alcalde hablará de “grandeza”, obras y reconocimientos, pero afuera del templete están los baches, socavones, problemas de agua, inseguridad y servicios públicos que forman parte de las quejas cotidianas.
 
Alrededor de 14 obras permanecen pendientes y el paso a desnivel de El Saucito tuvo que trasladarse al 2027 como una manera de eludir el fracaso. Galindo atribuye buena parte del retraso a trámites detenidos por la Contraloría estatal; ésa es su explicación, pero el pendiente permanece y la ciudad requiere obras de infraestructura.
 
El estado de las calles se ha convertido quizá en la metáfora más incómoda de su administración, enfrenta cientos y hasta miles de reportes por baches y el alcalde reconoció recientemente una frecuencia inusual de socavones. Más reveladora por no decir una burla, fue su explicación de que parte de los hoyos que padecen colonias como Balcones del Valle, Jacarandas e Industrial Aviación son en realidad zanjas abiertas por particulares para conectarse al drenaje o incluso deja entrever que hay sabotaje.
 
Este septiembre el ducto de El Realito llegó a su décima interrupción de 2026 y decenas de colonias continúan dependiendo de pozos, interconexiones y pipas cuando falla el sistema, cinco años después, puede explicar largamente por qué falta el agua; lo que todavía no puede garantizar es que al abrir la llave siempre salga, la capital potosina deja de ser competitiva con el desabasto.
 
El alcalde reconoce que todavía falta reducir la percepción de inseguridad y admite que “no quiere decir que hayamos ganado la batalla”. Esa distancia entre estadística, percepción y experiencia cotidiana también tendrá que formar parte del informe, porque gobernar la seguridad no consiste únicamente en presentar porcentajes favorables, sino en conseguir que la población pueda sentir sus efectos, y están los casos de los patrulleros platicando con narcomenudistas en una colonia del sur y la vinculación a proceso de dos policías y un cadete por robo en una casa de Morales.
 
Un alcalde que lleva cinco años gobernando la capital y que abiertamente reconoce aspiraciones para 2027, tendrá inevitablemente un escrutinio mayor, la crítica incómoda no desaparece llamándola “campaña negra”; se responde con resultados, documentos, cifras y calles en condiciones.
 
Es legítimo tener aspiraciones, pero también es legítimo que los ciudadanos pregunten dónde termina el alcalde que debe concentrarse en gobernar y dónde comienza el aspirante que necesita recorrer municipios, construir posicionamiento y defender una narrativa de éxito. La mejor plataforma electoral, después de todo, no tendría que construirse fuera de la capital: debería encontrarse en sus calles.
 
Después de cinco años, los pretextos dejan de ser útiles y más si se va a buscar otro cargo de elección popular, por lo pronto, el ciudadano capitalino ya tiene elementos suficientes para decidir si vota a su favor o en contra apelando a las condiciones en las que se encuentra la ciudad y que no son mejores que hace cinco años.
 
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