San Luis Potosí, SLP.- Lo que comenzó como un ciclo escolar lleno de expectativas terminó convertido en duelo, miedo y preguntas. Un pupitre vacío, flores, veladoras y mensajes colocados afuera de una preparatoria del Centro Histórico de San Luis Potosí, -Pedro Vallejo-recuerdan hoy a un estudiante que falleció tras sufrir una emergencia cuya atención dentro del plantel es cuestionada por integrantes de su propio grupo.
De acuerdo con el testimonio anónimo, alrededor de 40 jóvenes comenzaron juntos el ciclo escolar. Ahora, dice, son uno menos y enfrentan el impacto emocional de haber presenciado cómo uno de sus compañeros se desplomó dentro del salón sin comprender inicialmente qué estaba ocurriendo.
La versión proporcionada señala que el adolescente comenzó a comportarse de manera inusual, con agresividad y expresiones incoherentes, antes de dirigirse hacia una esquina del aula y caer al piso. Se sostiene que algunos compañeros habían tratado de ocultarlo con mochilas y prendas, además de impedir que otros alumnos solicitaran ayuda.
El señalamiento más delicado apunta a que el joven presuntamente habría consumido una sustancia que otro integrante del grupo le habría proporcionado. Posteriormente, según el mismo relato, apareció en un grupo de WhatsApp un mensaje atribuido a una estudiante en el que presuntamente se hacía referencia, en tono de burla, a la muerte y a lo que habría suministrado al adolescente que señalan fue Fentanilo.
Estas afirmaciones requieren ser investigadas por las autoridades y no permiten, por sí mismas, determinar qué sustancia consumió el estudiante, quién se la proporcionó ni establecer la causa médica de su fallecimiento.
El testimonio también coloca bajo cuestionamiento la actuación del plantel. Asegura que transcurrió un periodo prolongado de más de cuatro horas antes de que personal docente interviniera y sostiene que varios estudiantes intentaron pedir ayuda previamente.
Según su versión, finalmente profesores trasladaron al adolescente hacia otra área de la escuela y se contactó a sus familiares. Él o la denunciante afirma que no observó que se solicitara inmediatamente una ambulancia a través del 911 y asegura que posteriormente se pidió al alumnado evitar comentarios sobre lo ocurrido.
La estudiante sostiene además que, tras conocerse el fallecimiento, un grupo de compañeros acudió ante la dirección para exigir que se investigara lo sucedido y posteriormente decidió solicitar la intervención de la Fiscalía.
Será responsabilidad de las autoridades esclarecer la cronología, determinar qué ocurrió médicamente, establecer si existió consumo o suministro de alguna sustancia y revisar si los protocolos de emergencia del plantel fueron activados correctamente. También deberá determinarse si existen responsabilidades individuales. Hasta entonces, los señalamientos de los estudiantes deben entenderse como testimonios y no como conclusiones judiciales.
Pero detrás de la investigación queda una pregunta que ninguna carpeta puede responder por completo, ¿cómo puede un adolescente permanecer desplomado dentro de un salón mientras alrededor existen compañeros y adultos sin que la ayuda médica llegue de inmediato?
Si la investigación confirma que hubo estudiantes que conocían el consumo de alguna sustancia y evitaron que otros pidieran auxilio, el problema rebasa una conducta individual. Si además se acredita que hubo demora institucional para solicitar atención médica, la discusión será todavía más grave.
Una escuela no solamente enseña matemáticas, inglés o historia. También tiene la obligación de contar con mecanismos para reaccionar ante una emergencia y proteger a quienes están bajo su cuidado. Frente a una persona inconsciente, cada minuto importa y pedir ayuda profesional no debería quedar sujeto al miedo, al silencio o a la posibilidad de evitar un problema administrativo.
Afuera del plantel, las veladoras, flores y carteles colocados en memoria del adolescente transformaron la banqueta en un pequeño memorial. Adentro quedó su lugar vacío.
La tragedia obliga también a mirar hacia los propios jóvenes y hacia la sociedad que los rodea. ¿En qué momento una posible intoxicación puede convertirse en motivo de silencio o incluso de burla? ¿Qué estamos enseñando cuando pedir ayuda genera miedo y cuando la vida de un compañero puede quedar atrapada entre amenazas, indiferencia y omisiones?
Hoy una familia enfrenta una pérdida irreparable y decenas de estudiantes cargan con lo que vieron. Corresponde a la autoridad investigar sin encubrimientos y a la institución explicar, con precisión, qué hizo desde el momento en que el estudiante se desplomó.
Porque antes de buscar culpables mediante rumores o redes sociales, hay que conocer la verdad. Pero si existieron omisiones, impedir que se repitan no puede resolverse pidiendo silencio.