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La belleza se vuelve verde: así está cambiando la industria cosmética

Biotecnología, ingredientes renovables, envases recargables y nuevos procesos de fabricación están transformando la manera en que se producen los cosméticos.

La industria de la belleza atraviesa una transformación que va mucho más allá de las nuevas tendencias de maquillaje o cuidado de la piel. Frente a la preocupación por el cambio climático, el consumo de recursos y la generación de residuos, las empresas del sector están recurriendo a la ciencia y la tecnología para desarrollar productos con un menor impacto ambiental.

Este cambio ha impulsado el concepto de innovación sostenible, que busca incorporar criterios ambientales desde el origen de las materias primas hasta la fabricación, distribución, uso y disposición final de un producto. La intención ya no es únicamente reducir residuos, sino replantear la forma en que se diseñan los cosméticos.

Una de las áreas que mayor interés genera son las llamadas ciencias verdes, que incluyen herramientas como la biotecnología y la química verde. Mediante estos procesos es posible obtener determinados ingredientes a partir de fuentes renovables o desarrollar alternativas que reduzcan la presión sobre algunos recursos naturales.

La biotecnología, por ejemplo, permite utilizar microorganismos y procesos de fermentación para producir ciertos compuestos empleados en cosméticos. Esto abre la posibilidad de fabricar ingredientes sin depender exclusivamente de su extracción directa de plantas u otras materias primas naturales.

Los envases también están cambiando. Durante décadas, buena parte de los productos de belleza se comercializaron en recipientes diseñados para utilizarse una sola vez. Ahora, algunas compañías experimentan con plástico reciclado, materiales de origen renovable, envases más ligeros y sistemas de recarga o “refill”.

Estos últimos buscan que el consumidor conserve el recipiente principal y compre únicamente una recarga del producto, una estrategia que puede disminuir la cantidad de material utilizado cuando el sistema está correctamente diseñado y se reutiliza varias veces.

Otro frente se encuentra dentro de las fábricas. La reducción del consumo energético, el aprovechamiento de energías renovables y la reutilización del agua mediante circuitos cerrados forman parte de las estrategias que diferentes fabricantes están incorporando para disminuir la huella ambiental de sus operaciones.

Entre las grandes compañías que han apostado por este modelo se encuentra L’Oréal Groupe, que ha colocado las llamadas Green Sciences dentro de su estrategia de investigación y desarrollo. La empresa trabaja con biotecnología, química verde y otras herramientas para desarrollar ingredientes y fórmulas, además de impulsar alternativas de envases recargables y proyectos relacionados con economía circular.

La compañía también ha establecido colaboraciones con instituciones como el Cambridge Institute for Sustainability Leadership para explorar soluciones y tecnologías relacionadas con los retos ambientales de la industria.

Sin embargo, el cambio hacia una belleza más sostenible no depende únicamente de sustituir un ingrediente o cambiar el material de un envase. Para determinar si un producto realmente representa una mejora ambiental es necesario considerar todo su ciclo de vida: materias primas, fabricación, transporte, consumo de agua y energía, duración del envase y destino de los residuos.

La transformación también responde a consumidores cada vez más atentos al origen de lo que compran y a lo que ocurre con los envases después de utilizarlos. Esto está obligando a las marcas a replantear procesos que durante años parecían intocables.

Así, el futuro de la cosmética podría estar definido tanto por la eficacia de una crema, un champú o un maquillaje como por la tecnología utilizada para producirlos. La innovación en belleza ya no solo busca crear el siguiente producto viral: también intenta encontrar nuevas formas de cuidar la piel, el cabello y el planeta al mismo tiempo.

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