Los resultados de la prueba PISA pueden leerse desde distintos ángulos, pero reducir el desempeño educativo de México a una responsabilidad política sería dejar fuera buena parte de un problema más amplio, consideró Salvador García, director de la Escuela de Humanidades y Educación del Tec de Monterrey campus San Luis Potosí.
El académico pidió mirar primero el contexto: el descenso no fue exclusivo de México y ocurrió en un escenario marcado por la pandemia. Al trasladar la discusión a San Luis Potosí, advirtió otro riesgo: convertir la educación en disputa entre grupos políticos. Debe plantearse como proyecto nacional que trascienda los sexenios.
San Luis Potosí: avances y rezagos en cifras
De acuerdo con la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI, San Luis Potosí pasó de 2.8 a 2.89 millones de habitantes. El grado promedio de escolaridad subió de 9.6 a 10.1 años y el analfabetismo bajó de 5.3% a 4%. La asistencia también mejoró: de 3 a 5 años pasó de 74.1% a 80.5% y de 6 a 11 años de 96.6% a 98.3%.
El rezago persiste: 3.92% es analfabeta (87,673 personas), 6.8% no concluyó primaria (151,862) y 14.06% no terminó secundaria (314,271). Los principales grados en 2020 eran licenciatura con 27.3%, secundaria con 25.8% y preparatoria con 21.4%.
En permanencia, la SEGE informó con datos SEP del ciclo 2023-2024 que la deserción en primaria bajó de 1% a 0% y en secundaria de 4.1% a 1.6%, por debajo del promedio nacional de 2.7% en secundaria y 8.7% en media superior.
Infraestructura y profesores, el punto de partida
Para García, la transformación empieza por lo básico: infraestructura y docentes. México aún tiene carencias materiales y la experiencia de Finlandia y Singapur muestra que invertir en condiciones de aprendizaje es clave.
Sobre los profesores, planteó mejorar condiciones, evaluaciones más rigurosas y capacitación continua, además de filtros para que los mejor preparados estén frente a grupo. En un contexto de cambio tecnológico, también deben comprender la inteligencia artificial.
Las escuelas no parten del mismo lugar
No enfrenta lo mismo una escuela en zona privilegiada de la capital que un plantel rural con dificultades económicas. Por ello, mejorar la educación implica reducir diferencias en infraestructura, programas y dinámicas. Incluyó brechas económicas, de clase, raciales y de género. Destacó que entre los mejores resultados hay presencia importante de mujeres, pero esa representación no se ve después en cámaras empresariales.
Nadie aprende con hambre
La educación no puede separarse de la alimentación. Como en Finlandia y Singapur, garantizar necesidades básicas permite aprender. Los programas sociales en ese rubro no deberían ser disputa política. Tampoco es solo responsabilidad de la escuela. Gobiernos, sociedad civil y padres educan. Si se reclama que un niño no lee, hay que preguntar qué ejemplo recibe en casa.
Tecnología e IA: herramientas, no el centro
Cuestionó hablar de educación tecnológica cuando hay escuelas sin internet o electricidad. Además, los docentes encuentran jóvenes acostumbrados a estímulos breves como reels, que consumen mucha información sin retenerla; mencionó el regreso a lo analógico en Finlandia, reduciendo tabletas para recuperar lo táctil. La tecnología debe ser herramienta, no el centro.
Sobre IA, dijo que los estudiantes deben conocerla con mirada crítica, no como atajo para tareas, entendiendo alcances, riesgos y sesgos ambientales, laborales y de género. El reto es que los docentes aprenden a usarla mientras la tecnología avanza.
¿Para qué estamos educando?
Además de matemáticas y lectoescritura, García defendió el pensamiento crítico: dar herramientas para investigar, cuestionar y construir ideas, con el ensayo vinculado al pensamiento matemático. El profesor deja de ser solo transmisor.
Al final, la pregunta es: ¿Qué ciudadanos quiere formar México?, no basta preparar para el mercado laboral; se necesitan herramientas personales, éticas y filosóficas, como la resiliencia, para enfrentar tropiezos laborales, familiares y personales. La discusión de PISA no debe quedarse en cifras, sino en formar jóvenes capaces de pensar por sí mismos y generar cambio social.