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Una señal que debemos atender en la industria automotriz potosina

Opinión

La industria automotriz representa uno de los mayores orgullos productivos de San Luis Potosí y es una pieza relevante de la manufactura de América del Norte. Por ello, un dato reciente exige observar con cuidado lo que ocurre dentro de esta cadena.
 
Durante el primer semestre de 2026 San Luis Potosí exportó alrededor de 1,082 millones de dólares en determinadas partes y accesorios para vehículos, cifra que representó una disminución anual de 6.9 por ciento y que resulta especialmente relevante porque cerca de 96 por ciento tuvo como destino Estados Unidos.
 
Esta reducción contrasta con otros indicadores, pues la producción potosina de autopartes creció durante el primer trimestre y el sector estima cerrar el año con un valor cercano a 8 mil millones de dólares, lo que muestra una industria sólida, aunque algunos segmentos pierden dinamismo en su principal mercado.
 
La aparente contradicción puede tener varias explicaciones, ya que el dato comprende transmisiones, frenos, suspensión, dirección, carrocerías y ruedas, pero deja fuera motores, baterías, arneses y productos electrónicos. El valor de las ventas también puede variar por los precios, los inventarios, la combinación de piezas o las decisiones de las armadoras sobre sus proveedores.
 
La información disponible todavía no permite atribuir la caída a una sola causa y esa incertidumbre debe atenderse, porque mientras desconozcamos qué componentes perdieron pedidos, qué empresas resultaron afectadas o si existen dificultades para acreditar el origen regional, será complicado diseñar una respuesta oportuna.
 
El momento exige especial atención, después de que la presidenta Sheinbaum confirmara que México continúa trabajando con Estados Unidos para alcanzar un acuerdo que reduzca los aranceles automotrices, al acero y al aluminio. Washington, por su parte, busca aumentar la proporción de motores, electrónica y software producidos en su territorio, lo cual podría colocar en desventaja a proveedores mexicanos aun cuando cumplan con las reglas regionales del T-MEC.
 
Ante este escenario, San Luis Potosí necesita una radiografía precisa de su cadena automotriz para identificar cuáles empresas pueden incorporarse a la electromovilidad, dónde existen dependencias tecnológicas y qué requieren las pequeñas y medianas empresas para obtener certificaciones y convertirse en proveedoras de mayor valor. Desde el Senado propiciaré el diálogo entre autoridades, armadoras y representantes de la industria para atender el tema. 
 
La disminución de estas exportaciones no anuncia por sí misma una crisis, aunque tampoco debe ignorarse, pues constituye una advertencia útil para actuar antes de que la pérdida de dinamismo en determinados componentes termine por traducirse en menos contratos, inversiones u oportunidades de empleo para las familias potosinas.
 
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