Los combates de las últimas semanas causaron cientos de muertos, y ACNUR teme 'nuevos desplazamientos' si las hostilidades se intensifican
Después de que un ataque con drones lanzó metralla que alcanzó el pecho de su esposa, causándole la muerte, Muhammad Aiyash y sus tres hijos huyeron sin nada a un nuevo campamento improvisado para desplazados en la ciudad de Adén, al sur de Yemen.
La agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) informó ayer que más de 100 mil personas se habían visto desplazadas internamente por la reanudación del conflicto en Yemen, y que otros miles habían huido por mar hacia Yibuti.
Los combates de las últimas semanas causaron cientos de muertos, y ACNUR teme "nuevos desplazamientos" si las hostilidades se intensifican.
El pánico se ha extendido después de que los hutíes de Yemen derrotaron a las fuerzas gubernamentales respaldadas por Arabia Saudí en una ofensiva relámpago a lo largo de la costa del Mar Rojo del país.
La acción ha permitido a los militantes alineados con Irán hacerse con el control de otra parte del territorio y reforzar su dominio sobre el Estrecho de Bab el-Mandeb, una de las rutas marítimas más importantes del mundo para el transporte de mercancías y materias primas, incluido el petróleo.
"Por Dios, no tenemos ni un solo grano de harina. No tenemos colchones ni ropa", dijo Aiyash, un hombre de unos 60 años que abandonó su hogar en la antigua ciudad portuaria de Mokha en una búsqueda desesperada de refugio ante la última crisis de Yemen.
Los hutíes, combatientes de las montañas que suelen llevar sandalias y disfrutan del pasatiempo nacional de masticar el qat, una hoja verde estimulante, se han convertido con el paso de los años en una fuerza militar de decenas de miles de efectivos.
En la última ronda de combates han extendido su control desde las zonas septentrionales -las más pobladas- de Yemen hasta ciudades, pueblos e islas del oeste.
También han abierto un nuevo frente de combate en el conflicto que involucra a Irán, lo que ha aumentado la presión sobre los mercados energéticos mundiales tras el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz.
Los hutíes han atacado objetivos dentro de Arabia Saudí, lo que ha obligado a este país a cerrar temporalmente el vital oleoducto este-oeste que había servido como alternativa al transporte marítimo a través de Ormuz.
ACNUR estima que los combates podrían tener un "impacto en la logística humanitaria mundial" ya sometida a las perturbaciones en torno al Estrecho de Ormuz, porque Bab el-Mandeb es un corredor marítimo que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén.
'LLEGÓ DE REPENTE'
En el campamento de Adén, las familias se sentaban junto a las tiendas, cuidando de las ovejas e intentando montar refugios rudimentarios. Los niños se mantenían cerca de sus padres mientras los adultos transportaban sus pertenencias.
Un hombre desplazado, Tawfiq al-Kharij, mostraba una herida de metralla en la pierna mientras estaba sentado con sus familiares fuera de una tienda de campaña. Contó que había escapado sin nada más que la ropa que llevaba puesta.
"Vivíamos en paz bajo el cuidado de Dios, pero entonces la guerra llegó de repente", afirmó Kharij. "Algunos murieron y otros sobrevivieron".
Khadija Kudaf y sus hijos tuvieron que caminar durante tres días para llegar a Adén, una ciudad portuaria. "Ni siquiera nos llevamos la ropa de los niños", explicó.
Los yemeníes están más que acostumbrados al sufrimiento. El país más empobrecido del mundo árabe lleva sumido en el conflicto desde que los hutíes tomaron la capital, Saná, en 2014, lo que provocó una intervención militar liderada por Arabia Saudí al año siguiente en una guerra civil que derivó en una de las mayores crisis humanitarias del mundo.
Los hutíes resistieron años de intensos bombardeos liderados por Arabia Saudí durante la guerra civil.
Una tregua negociada por la ONU en 2022 puso fin en gran medida a los combates más intensos, a pesar de que expiró seis meses después, pero los esfuerzos por convertirla en un acuerdo político duradero se han estancado a medida que se han intensificado las tensiones regionales.
En la provincia de Taiz, al noroeste de Adén, otro campamento de reciente construcción ha comenzado a acoger a personas que huyen de los combates.
En el campamento, mujeres y niños transportaban agua en bidones, mientras que otros lavaban ropa y se reunían alrededor de las tiendas de campaña.
Una mujer desplazada que se encontraba allí, Taghreed Salem, explicó que las familias tenían dificultades para conseguir suministros básicos.
"Llegamos huyendo de la guerra, de los bombardeos, de los misiles, de los aviones que atacan", detalló Salem. "Llegamos como personas recién desplazadas. Queremos agua, queremos cualquier cosa que nos den", añadió.