En julio del año pasado, escribí sobre el tema de la inteligencia artificial, donde expuse que le caería como anillo al dedo para los políticos corruptos y como una cascada de agua helada para los que sean inocentes de cometer algún acto ilícito. Lo explico, porque en este lapso la inteligencia artificial ha tenido un avance impresionante que puede desarrollar videos o audios, de los cuales ya es difícil distinguir la realidad.
Para un político o servidor público corrupto, esto le cae de maravilla, porque en caso de ser sorprendido realizando un acto indebido o un delito grave, podrá curarse en salud recurriendo al pretexto perfecto: “es inteligencia artificial y quieren atacarme políticamente”. Insisto, aunque sea real, sembrará la duda y fácilmente lo usará para evadir su responsabilidad. ¿Cuántos casos hemos visto ya?
Igualmente está lo opuesto, un político o cualquier persona puede fácilmente ser linchada mediática y socialmente tras filtrarse un supuesto video manipulado con inteligencia artificial, pueden hacerle un daño enorme a su reputación, porque actualmente muchos medios de comunicación no valoran la autenticidad y se van por algo que les genere vistas y el tan anhelado “like”, otros se prestan al juego sucio de la misma clase política que se ataca y se desprestigia. ¿Qué pasa si es realmente inocente? Cuando intente aclararlo todo, el daño ya estará hecho y más porque vivimos en una sociedad, que tiende sin miramiento, a juzgar y linchar en redes sociales despiadadamente, convirtiéndose en ese juez implacable de las mil cabezas.
Para concluir, quiero ir mucho más en el tema. A penas la semana pasada, diversos CEO y líderes de importantes empresas de inteligencia artificial, como OpenAI, Google DeepMind y Anthropic, han advertido al mundo que el rápido avance de esta tecnología puede generar riesgos importantes si no se desarrolla con suficiente seguridad y control. Entre sus principales preocupaciones están el mal uso de sistemas avanzados, la creación de información falsa, la pérdida de empleos, los ataques cibernéticos y la posibilidad de desarrollar tecnologías difíciles de controlar. Por esta razón, consideran necesario establecer reglas, medidas de seguridad y cooperación entre países para aprovechar sus beneficios y reducir sus riesgos, porque el verdadero desafío ya no es saber hasta dónde puede llegar la inteligencia artificial, sino asegurarnos de que siga estando bajo nuestro control.