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El verdadero significado del Grito

Vértice

Amigas y amigos de Plano Informativo, Cada 15 de septiembre, México vuelve a escuchar una voz desde un balcón. En la Ciudad de México, en San Luis Potosí y en cada rincón del país donde se realiza una ceremonia, una autoridad toma la palabra, recuerda a quienes hicieron posible nuestra Independencia y, al final, lanza una expresión que todos conocemos y que hemos repetido desde niños ¡Viva México!
Lo hemos escuchado tantas veces que quizá hemos dejado de preguntarnos qué significa realmente.
 
¿Por qué gritamos ¡Viva Hidalgo!, ¡Viva Morelos!, ¡Viva Allende!, ¡Viva Josefa Ortiz de Domínguez!? 
 
¿Por qué recordamos sus nombres? ¿Por qué hablamos de los héroes que nos dieron patria y libertad? Y, sobre todo, ¿qué queremos decir cuando respondemos con miles de voces ¡Viva México!?
 
El Grito de Independencia no es solamente una ceremonia. Es una forma de mantener viva nuestra memoria. Cada nombre que se pronuncia nos recuerda que la historia de nuestro país fue construida por mujeres y hombres que, en un momento determinado, decidieron participar en ella, asumir riesgos y luchar por una idea de nación distinta.
 
Por eso me gusta pensar que cuando escuchamos el nombre de Miguel Hidalgo recordamos el inicio de una lucha; cuando escuchamos a Morelos, recordamos las ideas que dieron sentido a esa lucha; cuando escuchamos a Allende y a Guerrero, recordamos a quienes estuvieron dispuestos a poner su vida al servicio de una causa. Y cuando escuchamos el nombre de Josefa Ortiz de Domínguez, recordamos también que las mujeres estuvieron ahí, aun cuando la sociedad de su tiempo no esperaba que ocuparan un lugar en las decisiones públicas.
 
Los nombres pueden cambiar de una arenga a otra. Cada Presidenta o Presidente de la República, cada gobernador y cada autoridad puede incorporar distintas expresiones a su Grito. Pero hay algo que permanece, al final todos estamos llamados a recordar que pertenecemos a una misma nación.
 
¡Viva México!
Qué bonita frase. Y qué responsabilidad tan grande encierra.
 
Porque hacer que México viva no puede ser solamente gritarlo una noche de septiembre. México vive cuando una madre enseña a sus hijos a respetar a los demás. Vive cuando una persona ayuda a quien lo necesita sin esperar nada a cambio. Vive cuando alguien hace honestamente su trabajo, cuando un joven estudia pensando en su futuro, cuando un ciudadano levanta la voz ante una injusticia y cuando una comunidad se organiza para salir adelante.
 
México también vive en nuestras tradiciones, en nuestra música, en nuestras fiestas, en nuestras lenguas, en la comida que aprendimos a preparar en casa y en esas historias familiares que pasan de una generación a otra. Vive en nuestros pueblos y en nuestras ciudades, en quienes trabajan la tierra y en quienes todos los días hacen funcionar una fábrica, una escuela, un negocio o una institución.
 
Por eso creo que el patriotismo no debería aparecer únicamente cuando llega septiembre.
 
Podemos emocionarnos con nuestra Bandera, cantar el Himno Nacional y sentir orgullo cuando nuestros atletas consiguen una medalla. Podemos ponernos la camiseta de la Selección y gritar un gol con toda el alma. Todo eso también forma parte de nuestra identidad y de esa manera tan nuestra de celebrar lo que sentimos como propio.
Pero la patria no puede durar lo que dura un partido.
 
La verdadera pertenencia se demuestra también cuando las cosas no son fáciles. Cuando alguien necesita ayuda. Cuando tenemos que decidir entre hacer lo sencillo o hacer lo correcto. Cuando debemos respetar a quien piensa diferente. Cuando tenemos la oportunidad de cuidar nuestra comunidad o simplemente mirar hacia otro lado.
 
Tal vez por eso el Grito sigue siendo importante. Porque durante unos minutos nos recuerda que, antes de nuestras diferencias, existe algo que compartimos.
 
No significa que todos pensemos igual. México nunca ha sido un país de personas iguales. Somos diferentes en nuestras regiones, en nuestras costumbres, en nuestras historias y en nuestras maneras de entender la vida. Y qué bueno que así sea.
La unidad no significa uniformidad.
 
Significa entender que podemos ser distintos y, aun así, reconocernos como parte de una misma comunidad.
 
Esta noche, cuando volvamos a escuchar las campanas, cuando las plazas se llenen de familias y cuando una voz pregunte desde un balcón si estamos listos para recordar a quienes nos dieron patria y libertad, seguramente volveremos a responder con entusiasmo.
 
¡Viva México!
Ojalá que esta vez también nos detengamos un momento a pensar en lo que estamos diciendo.
 
Porque gritarlo es muy fácil.
 
Lo verdaderamente importante es hacer que México viva todos los días.
Que viva en la manera en que tratamos a nuestros hijos y a nuestros padres.
 
Que viva en la forma en que cuidamos nuestras calles y nuestras comunidades.
 
Que viva en nuestra cultura y en nuestra memoria.
 
Que viva en nuestra solidaridad.
 
Que viva en nuestra libertad y en nuestra responsabilidad.
 
Y que viva, sobre todo, en las nuevas generaciones que tendrán en sus manos la tarea de continuar esta historia.
 
Quizá ese sea el verdadero significado del Grito, recordar de dónde venimos para no olvidar quiénes somos y, al mismo tiempo, preguntarnos qué estamos haciendo nosotros para que el México que recibimos sea digno del México que habrán de recibir nuestros hijos.
 
¡Viva México!
 
Pero que no sea solamente un grito.
 
Que sea también un compromiso.
 
De corazón, gracias por su lectura.
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