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UVA, UVB y UVC: conoce los rayos del sol y cómo afectan tu piel

Cuando hablamos de protegernos del sol, solemos pensar únicamente en evitar una quemadura, pero la radiación ultravioleta puede tener efectos mucho más profundos. Los llamados rayos UV forman parte de la radiación electromagnética que emite el Sol y, aunque son invisibles para el ojo humano, pueden afectar la piel y los ojos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) divide la radiación ultravioleta en tres grandes grupos: UVA, UVB y UVC, de acuerdo con su longitud de onda.

Rayos UVA: los que penetran más profundamente

Los rayos UVA tienen una longitud de onda de entre 315 y 400 nanómetros y constituyen la mayor parte de la radiación ultravioleta solar que llega hasta la superficie terrestre.

Pueden penetrar profundamente en la piel hasta alcanzar la dermis, afectando tejidos y vasos sanguíneos. Su exposición acumulada está relacionada con el fotoenvejecimiento, la pérdida de elasticidad, las arrugas y otros daños cutáneos. También contribuyen al desarrollo de cáncer de piel.

Por eso, aunque durante una exposición al sol no aparezca inmediatamente una quemadura, la piel sí puede estar recibiendo radiación UVA.

Rayos UVB: principales responsables de las quemaduras solares

Los rayos UVB tienen una longitud de onda de aproximadamente 280 a 315 nanómetros. Buena parte es absorbida por la atmósfera, pero una proporción logra alcanzar la superficie terrestre.

Actúan principalmente sobre las capas superficiales de la piel y son los mayores responsables del enrojecimiento y las quemaduras solares. También pueden provocar daños en el ADN y aumentar el riesgo de melanoma y otros tipos de cáncer de piel.

Los UVB también intervienen en la producción de vitamina D en el organismo, aunque esto no significa que una exposición excesiva sea saludable.

Rayos UVC: los más energéticos, pero no llegan del Sol hasta nosotros

Los UVC abarcan aproximadamente de 100 a 280 nanómetros. Tienen mayor energía y pueden ser altamente dañinos para los tejidos vivos; sin embargo, prácticamente toda la radiación UVC procedente del Sol es absorbida por la atmósfera antes de alcanzar la superficie terrestre.

Esto no significa que nunca estemos expuestos a UVC. Algunas fuentes artificiales los utilizan, por ejemplo, en sistemas especializados de desinfección, por lo que su uso debe realizarse bajo medidas de seguridad adecuadas.

UVA y UVB: ambos pueden dañar la piel

Durante años se relacionó principalmente a los UVB con los daños solares, pero actualmente se sabe que tanto los UVA como los UVB pueden contribuir al envejecimiento cutáneo, lesiones celulares y cáncer de piel.

La OMS advierte que la exposición excesiva a la radiación ultravioleta también puede afectar los ojos y favorecer problemas como fotoqueratitis, fotoconjuntivitis y cataratas.

¿Qué significa que un protector sea de “amplio espectro”?

Al elegir protector solar conviene buscar la leyenda “amplio espectro”, ya que significa que el producto ofrece protección frente a radiación UVA y UVB.

El factor de protección solar o FPS está relacionado principalmente con la protección frente a las quemaduras ocasionadas por UVB, por lo que un FPS elevado no sustituye la importancia de contar también con cobertura contra UVA.

Además del protector solar, las autoridades sanitarias recomiendan limitar la exposición intensa al sol, utilizar sombrero, ropa que cubra la piel y lentes con protección ultravioleta, así como reaplicar el protector periódicamente. La OMS aconseja tomar medidas de protección cuando el índice UV alcanza un nivel de 3 o superior.

En resumen: UVA penetra más profundamente y favorece el envejecimiento; UVB provoca principalmente quemaduras y daño en las capas superficiales; mientras que UVC es absorbido prácticamente por completo por la atmósfera. Ninguna exposición solar excesiva debe considerarse inofensiva, incluso cuando la piel no se quema.

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