Septiembre siempre trae consigo una vibración distinta. Basta caminar por nuestras plazas, ver las escuelas engalanadas o escuchar los primeros acordes de nuestra música para sentir cómo se enciende el fervor mexicano. Sin embargo, para nosotros los potosinos, estas fechas encierran un significado mucho más hondo: septiembre guarda en su calendario la huella indeleble de lo que San Luis Potosí le ha entregado al corazón de la República.
A veces la cotidianidad nos hace olvidar un dato histórico que debería erizarnos la piel: cada vez que en este país se entona la libertad o se contempla con reverencia el escudo nacional, está presente el pulso y la visión de creadores potosinos.
No es casualidad ni retórica; las fechas hablan por sí solas:
Un 15 de septiembre de 1854 se escuchó por vez primera el Himno Nacional, con la letra escrita por el potosino Francisco González Bocanegra. Años más tarde, un 17 de septiembre de 1968, quedaron depositados en el Archivo General de la Nación los modelos oficiales del Escudo Nacional vigente, trazado con enorme maestría y respeto a nuestras raíces por otro ilustre potosino, Francisco Eppens Helguera. Y también en este mes patrio, un 9 de septiembre de 1965, nos dejó el gran Julián Carrillo Trujillo, el genio sonoro de Ahualulco que, además de transformar la música universal con el Sonido 13, nos legó la música del entrañable Canto a la Bandera y fue comisionado en 1922 para revisar y rescatar los acordes de la partitura original de nuestro Himno Nacional, fijando la versión con que hoy lo entonamos en todo el país.
Ningún otro rincón de México reúne en un solo mes tantas efemérides ligadas a la identidad cívica nacional.
Debo, sin embargo, una aclaración importante y con ella la parte más humana de esta historia: este esfuerzo no nació detrás de un escritorio legislativo. Esta idea es del licenciado Fortunato Castillo Ramos, quien durante años se desempeñó como subdirector de Acción Cívica del Gobierno del Estado de San Luis Potosí. Quienes lo conocieron saben de qué hablo: fue de esas personas que hacen del cuidado de los símbolos patrios un oficio y una convicción. Enseñó a generaciones de escoltas cómo se porta una bandera, cómo se rinden honores y por qué el Himno no se canta de cualquier manera. Insistió, con la terquedad noble de los que aman lo que defienden, en que San Luis Potosí merecía un reconocimiento por haber dado a México a los creadores de sus símbolos. Lo dijo muchas veces. No alcanzó a verlo hecho realidad.
Su familia tuvo la generosidad de compartirnos esa inquietud y de confiarnos su seguimiento. A ellos, mi gratitud pública. Hay causas que no nacen en una curul: nacen en el trabajo callado de servidores públicos que nunca salieron en los periódicos y que, no obstante, formaron el civismo de un estado entero. Lo menos que podemos hacer desde la representación popular es recogerlas y darles cauce institucional.
Por eso, este mes patrio presentamos ante la Cámara de Diputados tres propuestas de alto alcance ciudadano:
Primero, pedimos a la Secretaría de Gobernación que incorpore a estos tres creadores en los programas oficiales de fomento cívico y reconozca a San Luis Potosí como la "Cuna de la Grandeza que Viste y Canta a la Patria", con miras a los aniversarios del Escudo en 2028 y del Himno en 2029.
Segundo, propusimos a la Lotería Nacional y al Servicio Postal Mexicano emitir un billete conmemorativo y una estampilla postal con sus imágenes para septiembre de 2027, con la cancelación de primer día aquí, en la tierra que los vio nacer.
Tercero, exhortamos a la Junta de Gobierno del Banco de México para que evalúe acuñar una moneda conmemorativa de 20 pesos dedicada a Bocanegra, Eppens y Carrillo, logrando que este orgullo potosino circule en las manos de millones de mexicanos.
Sé bien que ninguna de estas gestiones baja el precio de la canasta básica ni pavimenta un camino en la Huasteca, y esas tareas también nos ocupan todos los días. Pero un pueblo que no sabe de dónde viene difícilmente sabe hacia dónde va. Fortalecer la identidad pasa por enseñarle a un niño potosino que la letra que entona frente a su escolta y el escudo que mira en su bandera nacieron aquí, en la sensibilidad de paisanos suyos. Esto no es un reclamo localista sin fundamento: es justicia histórica y pedagogía cívica.
Si estas propuestas prosperan, dentro de poco un mexicano podrá recibir un cambio de veinte pesos y llevar en la palma de la mano a los tres potosinos que le dieron a México su voz, su imagen y su música. Ese día, la potosinidad estará en una moneda.
Va con dedicatoria: para el licenciado Fortunato Castillo Ramos, y para su familia, que no dejó que esta causa se apagara.
Con voluntad es posible.