San Luis Potosí, SLP.- La salud mental se ha convertido en uno de los desafíos cotidianos dentro de la Universidad Politécnica, donde más de 300 estudiantes requieren atención cada mes debido a ataques de pánico, una cifra que refleja la dimensión de las crisis emocionales entre la comunidad universitaria.
El rector Néstor Eduardo Garza reconoció que estos episodios dejaron de ser situaciones aisladas y obligan a mantener mecanismos permanentes de detección, intervención y seguimiento para evitar que los jóvenes enfrenten solos una crisis.
Ante esta realidad, la institución ha recurrido a la coordinación con organismos especializados, entre ellos Temazcalli, para canalizar aquellos casos que requieren atención profesional. La estrategia no se limita a intervenir durante el episodio, sino que contempla acompañamiento posterior dependiendo de las necesidades de cada estudiante.
La Universidad Politécnica cuenta además con un protocolo de primer respondiente, mediante el cual personal capacitado puede actuar frente a una crisis, realizar una primera valoración y determinar hacia dónde debe dirigirse la atención.
Garza enfatizó que atender un ataque de pánico no significa que el problema haya concluido, por lo que consideró indispensable mantener vigilancia y acompañamiento después del primer contacto.
Incluso anticipó que las cifras podrían aumentar conforme exista mayor apertura para hablar de salud mental. Más que significar necesariamente un crecimiento de los padecimientos, explicó, la visibilización puede permitir que casos anteriormente silenciados comiencen a ser identificados y atendidos.
El panorama coloca a las universidades frente a un reto que rebasa las aulas, detectar a tiempo las señales de alerta y construir redes de apoyo capaces de acompañar a los jóvenes más allá de una primera crisis.