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Llaman a derribar tabús en torno al suicidio

 
Mariana Gil Moguel aborda la necesidad de abrir la conversación sobre suicidio, salud mental y duelo; insta a derribar tabús aún vigentes.
"Yo lo empecé a escribir pensando que sólo lo iba a leer yo, que iba a ser una forma para expresarme y desahogarme", explica en entrevista.
 
"Eran cartas dirigidas a mi papá. Le estaba hablando a él. No tenía ninguna otra forma de decirle lo que estaba sintiendo, sobre la confusión que estaba sintiendo, el enojo", agrega.
 
Era el 26 de abril de 2022. Ese día, dice, 20 personas más se quitaron la vida en México.
 
Al día siguiente Mariana volvió a escribirle. Y al otro día también. Y al otro, y al otro...
 
Tenía 21 años. Las cartas se fueron acumulando, primero todos los días, durante seis meses, y después con menor frecuencia.
 
Aquellas primeras hojas terminarían convirtiéndose en Cartas a una bala. Anatomía de una ausencia elegida (Ediciones Obelisco), un libro que busca abrir una conversación pública sobre el suicidio, la salud mental y el duelo.
 
Mariana nació y creció en Puebla. Luego vino a la Ciudad de México a estudiar Comunicación, con especialización en Periodismo y Comunicación Estratégica, en la Universidad Iberoamericana. Recientemente cursó la Maestría en Geopolítica y Seguridad de América Latina, en Madrid.
 
Un profesor de la universidad conoció las cartas y la animó a pasarlas a computadora. Pero todavía no estaba convencida de compartirlas.
 
"Siempre existe este miedo a que te juzguen por lo que pasó y había mucho secreto en la familia por la causa de muerte", reconoce la joven, hoy de 25 años.
 
La decisión comenzó a cambiar durante una estancia de seis meses en Nueva York. Su tía le propuso traducir nueve de aquellas cartas, convertirlas en poemas y leerlas, en un evento de poesía, frente a personas que no conocía. Al terminar, cinco personas se acercaron para preguntarle dónde podían seguir leyendo lo que ella escribía.
 
"Eso fue como una validación que no esperaba recibir y dije: ok, si puedo ayudar a una sola persona con lo que yo siento me basta, o con alguien que se pueda identificar en cómo me sentía yo de sola, por todos los tabúes que tiene el suicidio, entonces, estoy dispuesta a compartirlo y hacer que la gente no se sienta tan sola como me sentí yo", cuenta.
 
El 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la conversación vuelve a poner el tema en el espacio público. Para Mariana, hablar de ello es también una forma de acompañar a quienes atraviesan una crisis y a quienes han quedado después de una pérdida.
 
Dignificar el tema
 
Para la joven, escribir no significó solamente procesar su propio duelo, también fue una forma de cuestionar el silencio que rodea al suicidio.
 
"Creo que lo principal es que comencemos a dignificar el tema del suicidio", remarca.
 
Considera que una muerte por esta causa suele modificar la manera en que una familia recuerda y habla de quien murió.
"Siento que al ser una muerte que no es natural, no la sabemos aceptar de igual forma. Mucha de mi intención es ser más compasivos con todas las personas que mueren por eso. Dignificar su vida, todo lo que vivieron antes, tratarlos con el mismo amor de siempre", menciona.
 
En su caso, el estigma llegó incluso desde la religión.
 
"Esto yo lo viví cuando mi papá murió, porque el sacerdote dijo que se había vuelto loco, así, en plena misa, que no estaba en su sano juicio, incluso dijo que ni llegaría al cielo, que estaría en el limbo", recuerda.
 
Aquella experiencia reforzó el silencio familiar.
 
"El hecho de sentir esa falta de compasión de la Iglesia creo que también nos ha afectado en la familia a querer ocultarlo, a no decir por qué murió realmente", añade.
 
Por eso, uno de los propósitos del libro es abrir la conversación.
 
"Cuando empecé a hablar de esto, no sabes la cantidad de gente que ha tenido experiencias cercanas al suicidio o que sólo se sienten libres de decirlo cuando tú lo dices con normalidad, con aceptación", resume.
 
Las cifras oficiales corroboran la magnitud en México de estos casos. En el año 2000, de acuerdo con el Inegi, se registraron 3 mil 475 suicidios, mientras que en 2025 los datos preliminares son 8 mil 709, un aumento de 150.6 por ciento.
 
Casos de suicidios
2000 3,475
2025 8,079
*150.6% de incremento
Hombres, 79.9%
Mujeres, 20.1%
Tasa masculina: 10.9 por cada 100 mil habitantes
Tasa femenina: 2.6 por cada 100 mil
 
Grupo de edad con más casos:
25-34 años: 26.9%
15-24 años: 24.3%
15-34 años: 51.2% del total
 
Fuente: Inegi
 
Superar la culpa
 
Después de una muerte por suicidio quedan preguntas que pueden perseguir a los familiares: qué pudieron haber hecho, qué no vieron, qué habría ocurrido si hubieran dicho o actuado diferente.
Mariana conoce ese sentimiento.
 
"Yo sentí mucha culpa durante mucho tiempo, te empiezas a culpar por las cosas muy chiquitas, como esto que está en el libro, que no le di un abrazo que me pidió la última vez que lo vi y creo que hasta ahora sigo pensando que si le hubiera dado ese abrazo, hubiera cambiado todo", expresa.
 
Con el tiempo, sin embargo, comenzó a comprender que una persona puede estar atravesando una tormenta que quienes están alrededor no alcanzan a ver.
 
"Hay veces que no vemos todo el panorama completo de la persona que se suicida y por lo que estaba pasando. No es desentenderse del proceso, sino que todos cargamos con muchas cosas", reflexiona.
 
Por eso, a las familias les envía un mensaje: no carguen con una responsabilidad que no necesariamente les correspondía.
 
"Les diría que nada estaba en sus manos, que lo que estaba viviendo esa persona era una tormenta tan silenciosa, tan escondida, que a veces ni un gesto individual hubiera podido parar", asegura.
 
Para la joven, liberarse de esa culpa también significa recuperar la memoria completa de quien murió.
 
"A las personas que han perdido a alguien así, yo les recomendaría escribir todo lo bueno que les dejó la persona", sugiere.
 
'Hablen, hablen'
 
El libro también ha provocado que otras personas se acerquen a la joven para contarle historias que durante años habían permanecido ocultas.
 
Una amiga le dijo que después de leerlo comenzó a mirar de otra manera a su propio padre, a quien veía estresado y con dificultades para expresar sus emociones. La madre de esa misma amiga le contó que su padre había muerto cuando ella tenía ocho años y que durante mucho tiempo se culpó por no haberle dado un abrazo. En otra ocasión, una amiga le confesó que durante mucho tiempo había pensado en quitarse la vida y que nunca había podido hablar de ello.
 
Para Mariana, esas conversaciones muestran que el suicidio está mucho más cerca de las personas de lo que suele reconocerse.
 
Cuando le preguntan qué decirle a una persona que atraviesa una situación de ideación suicida, responde: "Que hablen, que hablen, que no les dé miedo ser juzgados. Si necesitan atención psicológica, está bien, es normal, hay apoyo, hay gente que les importa, que son importantes".
 
También insiste en algo que considera fundamental: acompañar.
"Muchas veces ayuda el simple hecho de hacerlos sentir vistos, de escucharlos, de reconocer que nunca nadie tiene todas las respuestas", afirma.
 
Y recuerda que una persona en esa situación puede necesitar más que una recomendación puntual.
 
"Es muy fácil decir: ve a terapia, toma medicinas, pero una depresión así o una persona con ideación suicida así requiere mucho más atención que eso", advierte.
 
Su mensaje se resume en una idea que encontró en el testimonio de un joven con ideación suicida: "Un día más".
 
"Poco a poco ese 'un día más' se fue convirtiendo en lo que le permitió ver las cosas buenas de la vida por día, sin adelantarse tanto a lo que viene, un día a la vez y eso es lo que les diría. Y sobre todo hablar".
 
¿Qué le dirías hoy a tu papá que no le dijiste en su momento?
Le diría que esto es por él, que va a ayudar a muchas personas, que va a ayudar a la gente que se siente sola a expresarse, a los hombres que no pueden expresarse quizás les ayude a expresarse.
Le diría que gracias, que lo siento conmigo siempre, que al escribir esas cartas lo sentí conmigo. Espero las haya recibido.
 
Para pedir ayuda
 
Línea de la Vida
 
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También puedes acudir a:
- Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones (CECOSAMA)
- Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz
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