locales

HOMILÍA: ¿Quién nos salvará del rencor?

¿Para qué guardar rencor? Éste, solo hace daño al que lo tiene; y contamina, a qiuen lo lleva dentro.
 
Sin embargo, el rencor es un sentimiento,casi imposible de erradicar.
 
Los malos sentimientos, solo perjudican al que los trae cargando.
 
Ya lo dice la Escritura: “ Si un hombre le guarda rencor a otro, ¿le puede acaso pedir la salud al Señor?”. (Sir.27).
 
El rencor, no es tan solo una noción, es un sentimiento real,que daña al espíritu, y contaminael cuerpo.
 
Por eso, hay que ir depurando nuestros sentimientos; para que, cuandopidamossalud,pongamos lo que nos toca, para sanar el alma de malos sentimientos.
 
Nodejemos que se anidenlas heridas del pasado, para que podamos tener un espíritu sano.
 
Hoy, el Señor nos invitaa perdonar de corazón. 
 
Porque, sisolo perdonamos  de labios, el rencor queda enraizado;  y desde el fondo del alma, nossigue lastimando.
 
Pedro, le preguntó a Jesús: “Si mi hermano me ofende,? Cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Jesús le contestó: No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete” (Mt.18).
 
El siete, significa: plenitud o perfección, es decir, hay que perdonar, de manera plena y total.
 
El perdón, es un don perfecto, es el “don” del perdón. “Per-don”, significa, perfecto-don; es el mejor regalo.
 
Aunque, para perdonar de corazón, necesitamos contar con la ayuda de Dios.
 
Cuando pidamos el perdón de Dios, o de nuestro prójimo, hay que recordar, que  alguientambién, nos está pidiendo el perdón.
 
Por eso, necesitamos perdonar, para que seamos perdonados.
 
Si queremos el perdón de Dios,también nosotros, tenemos que otorgarel perdón.
 
Ya lo dice el Evangelio: “Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”. (Mt.18).
 
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
 
 
 
EVANGELIO
Del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35
 
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contestó: «No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».
 
Entonces Jesús les dijo: «El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones.
 
Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‹Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo›. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.
 
Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‹Págame lo que me debes›. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‹Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo›.
 
Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda. Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‹Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste.
 
¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?› Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía. Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
 
Palabra del Señor.
OTRAS NOTAS