La alimentación tiene una relación directa con la presión arterial. Consumir demasiado sodio, pocas frutas y verduras y un exceso de grasas saturadas puede aumentar el riesgo de hipertensión; en contraste, una dieta rica en vegetales, frutas, cereales integrales y alimentos con potasio puede formar parte de las medidas para mantenerla bajo control.
Uno de los modelos de alimentación más estudiados es la dieta DASH —Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión—, que prioriza frutas, verduras, cereales integrales, lácteos bajos en grasa, leguminosas, nueces, semillas, pescado y pollo, mientras reduce sodio, grasas saturadas y azúcares añadidos.
Plátano, papaya y otras frutas. Además de aportar fibra y otros nutrientes, varias frutas son fuente de potasio, mineral que ayuda a contrarrestar parte de los efectos del exceso de sodio sobre la presión arterial.
Espinaca y otras verduras de hoja verde. Son una forma de aumentar el consumo de vegetales y potasio dentro de una alimentación equilibrada.
Frijoles, lentejas y otras leguminosas. Aportan fibra, proteína vegetal y minerales, por lo que tienen un lugar importante dentro del patrón DASH.
Avena y cereales integrales. Se prefieren sobre productos refinados por su contenido de fibra y su papel dentro de una dieta saludable para el corazón.
Nueces y semillas sin sal. Pueden incorporarse en cantidades moderadas y son preferibles a botanas altamente procesadas y saladas.
Lácteos bajos en grasa. Leche, yogur natural y otros productos con poca grasa pueden formar parte de este patrón alimentario.
El principal ingrediente que debe vigilarse es el sodio. La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos consuman menos de 2 mil miligramos de sodio al día, equivalentes a menos de cinco gramos de sal.
Entre los productos que pueden aportar grandes cantidades de sodio se encuentran los embutidos y carnes procesadas, sopas instantáneas, cubos de consomé, botanas saladas, alimentos preparados, algunos quesos, salsas comerciales y otros ultraprocesados. Incluso productos que no saben particularmente salados, como algunos panes, pueden contribuir al consumo diario de sodio.
También se recomienda moderar los alimentos ricos en grasas saturadas y trans, las bebidas azucaradas y el consumo excesivo de alcohol.
Reducir la sal añadida al cocinar es importante, pero también es recomendable revisar las etiquetas nutrimentales, comparar el contenido de sodio entre productos y disminuir el consumo de alimentos procesados.
La alimentación puede contribuir al control de la hipertensión, pero no sustituye los medicamentos ni la valoración médica. Las personas diagnosticadas con presión arterial alta deben seguir las indicaciones de un profesional de la salud y evitar modificar tratamientos por cuenta propia.
Además, quienes padecen enfermedad renal o toman determinados medicamentos deben consultar a su médico antes de aumentar considerablemente el consumo de potasio o utilizar sustitutos de sal que lo contengan.